Yo sin duda, voto por la libertad, ¿y tú?

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«Allí dónde está el corazón, van los pies».

 Los humanos tendemos a encerrarlo todo. El agua en botellas, las aves en jaulas, a nosotros mismos en una casa. También enjaulamos a las personas: hijos, novios, esposos, amigos. Tenemos una fascinación por acumular, por quién tiene más. Y nos olvidamos de la libertad.

Las relaciones en pareja, generalmente, truenan porque carecen de esta virtud. Nos metemos en un corsé de fidelidad cuando debe ser intercambiada por libertad.

He visto fracasar un sinfín de matrimonios; debido a que ella o él truncan sus sueños por acompañar a su pareja. A mí me parece absurdo. La gente no siempre va a estar a tu lado, debe moverse, crecer. Déjalos ir; esto no significa que no los ames, todo lo contrario, es un acto de generosidad.

 

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Hemos visto los resultados de la esclavitud y francamente me hacen temblar. La gente pierde su valía, su brillo; pasan años para que un sujeto pueda restablecerse. Estas dinámicas no pueden seguir, las personas pierden su identidad.

Si algún ser querido te pide distancia, «dásela». De verdad lo necesita.

Si tu esposo o novio tienen la gran oportunidad de su vida, pero tú no quieres marcharte: «déjalo ir». No le llores o le implores.

Si tus hijos quieren irse de casa, «aliéntalos». Nuestras relaciones serán más sanas y pacíficas. Cada uno estará en el sitio que le corresponde.

Yo voto por la libertad, ¿y tú?