Ya no permito que alguien más pase…

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En esta vida sabemos que llegamos totalmente puros y absorbemos como «esponjitas» todo lo que vamos viviendo.

Cosas buenas y desgraciadamente malas. Dábamos lo mejor sin mirar a quién y poco a poco entendimos que había personas con las que fue mejor no regresar, es más, en la escuela sabíamos con quién contábamos y con quién no. Hasta para que nos pasaran la tarea; maestros que te atormentaban y maestros que te tendían la mano para ser mejores.

El tiempo fue pasando y las vivencias aumentando. Comenzó así una faceta que antes no conocíamos: Los amores.

Igual que toda la gente, los fuimos conociendo y éstos fueron aumentando su intensidad. Desde el más puro hasta el denominado «amor de tu vida». El que te hizo llorar a mares y el que te hizo soñar despierta. El que mató tus ilusiones y el que te hizo tener de nuevo fe. El que te dijo que te amaba y el que lo demostró. El que te utilizó y el que te hizo el amor. El que finalmente no provocó nada en ti y el que hizo que quisieras escribir, cantar, pintar, bailar, brincar, etcétera. El que te aterrizó en la realidad y el que te llevó a volar. El que provocó que sacaras tus peores demonios y el que te hizo que fueras casi un ángel.

El que nunca te conoció y el que sabía tus más grandes secretos. El que no te tomó en cuenta y el que te tenía como prioridad. El que prometió y el que cumplió. El que se burló y el que se solidarizó. El que fue una estrella fugaz y el que permaneció. El que te desechó y el que nunca te olvidó. El que te hizo enfadar y el que te hizo carcajear. El que te dio el abrazo más frío y el que te dio el más cálido de los besos. El más soberbio y el que te suplicó. El que te hizo ya no creer y el que te devolvió la magia. El que te hizo madre y el que te hizo sentir mujer.

El que hoy ya no recuerdas y el que vivirá para siempre en ti. El que te mostró indiferencia y el que te celó. El que te tenía amarrada y el que te dejó ser libre. El que murió y el que latió intensamente. El que te hizo arrepentirte y el que te hizo saber que valía toda la pena del mundo…

Y así muchas situaciones que estoy segura vienen a tu mente. Recuerdos de lo más tristes y desagradables, hasta aquellos que te gustaría volver a vivir y con la misma persona: y durante todo este «recorrido amoroso» ha estado nuestro corazón. Aguantando, esperando a que por fin llegara nuestra estabilidad emocional para realmente VIVIR ENAMORADAS.

El corazón que siempre está para ti y nunca te deja sola. El que al igual que tú se ha dejado llevar por el sonido dulce de una palabra o por la suavidad de una caricia. El que se ha estremecido cuando te han dicho «te amo». Ése que te apapacha y te da ánimos para seguir en esta vida. Ese corazón que se detendrá junto contigo. Que dejará de latir cuando tú decidas. Ese corazón que después de leer contigo todo lo anterior, por fin hoy se atreve a decirte:

Ya no permito que nadie más pase.