Volverte suficientemente fuerte para que nada ni nadie te cause dolor

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Héctor Heredia decía: «Para recalcar que estoy vivo en medio de tantos muertos.»

No recuerdo la última vez que sentí una parte de mí morir; realmente hoy puedo decir al fin, estoy tranquilo, la vida me sonríe y no tengo deudas desde un punto de vista emocional con nadie; pero sí, muchas veces he sido asesinado por personas ajenas, que muchas veces frecuento, pero que les es tan fácil apuñalarte por la espalda, como sonreírte haciéndote pensar que nada ocurre.

Es fácil, ¿no? ir por la vida destruyendo la tranquilidad y paz de otros, dándose de santos, preguntando después cómo te sientes, cuando estás cual barco hundido, como casa siniestrada ante la destrucción; sólo observan.

Como siempre he dicho, hay que quemar las naves hasta las últimas consecuencias, hasta que la vida arda, tu vida y todo en ti debe arder.

Tienes que volverte lo suficientemente fuerte como para que nada ni nadie te cause dolor, aunque eso signifique volverte un témpano de hielo.