Viajando con mi soledad en lugar de maletas…

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No quiero maletas pesadas. He emprendido viajes y conocido gente, siempre con equipaje extra sobre los hombros; sí, han sido tantos viajes… pero ninguno como éste, que podría cambiar mi microscópico mundo.

Para este viaje, desecharé lo innecesario: miedos, debilidades, resentimientos y sentimientos absurdos. Voy sólo yo, desnuda y libre de promesas incumplidas, pero sobretodo, libre de terror al fracaso.

Caminé por mucho tiempo con el cuerpo cargado de falsas sensaciones, con las máscaras sonrientes de quienes decían quererme. Caminé también con obligaciones en la espalda, con deberes y sueños que no me pertenecían.

Cada paso se volvía más pesado, más doloroso, más cansado. ¿Por qué nos acostumbraron a ignorar los miedos y no a luchar contra ellos? ¿Por qué dejamos que los demás nos trazaran un destino y nos hicieron creer que lo que los demás consideran ‘bien’ es lo que nos hará felices? ¿Por qué aceptamos agregar más piedras a nuestras maletas y llevarlas a donde vayamos?

Siempre existen tantas preguntas, y es deber de cada quién buscar una respuesta.

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Hoy me despido de todo aquello que alguna vez me causó daño, incluso aquellos pensamientos detestables que nacían en mi mente después de cada error. Me despido de quien llegó a creer que no podía, que no lograría nada demasiado importante.

Las inseguridades que nacían al mirarme al espejo, han sido sacudidas de mi cuerpo. Las ideas de derrota y complejos absurdos se deslizaron de mi cabello para caer con fuerza sobre el piso.

Y después de darle las gracias a todo lo negativo que me impedía caminar libre, después de bañarme de nuevas ilusiones… puedo sentirme ligera.

Nadie más habría hecho esto por mí, nadie que no fuese yo misma. Se siente tan bien pensar en comenzar de cero, y aunque algunos recuerdos amenacen mis ideales, sólo pasan a convertirse en melancolía.

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Dejó aquí las maletas que por tanto tiempo me impedían arriesgarme, y tan solo me llevo las lecciones que me servirán para ser mejor cada día.

Llegó el presente que era futuro, para volverse pasado. Voy sólo yo sin equipaje extra, a construir nuevas maletas en mi nuevo destino, pero ya no maletas pesadas que entuman mis piernas y me hagan caer muchas veces, sino maletas que al ser abiertas me llenen de energía para continuar mi viaje.

Dejo todo aquello que me hizo llorar amargamente alguna vez, dejo mi rostro suicida en el espejo de la alcoba para que jamás salga de ahí… y sí, también te dejo a ti.

Adiós.

 

Escrito por: Mayeli Tellez