Vale más estar a tu lado…

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Pasan de las 9 de la mañana, la espera ha conflictuado entre beber café o morder la pequeña galleta de la mano izquierda; cae una suave llovizna, el aire huele a clases y tareas inconclusas, la humedad se filtra apenas por la bufanda y en la entrada alcanza a mirar el sedoso cabello con el que juega todas las mañanas. Es él.

Desde su lugar, él la mira sonriendo, sabe la razón por la cual está ahí, un café en mano le da la bienvenida al espacio del que se apoderan. La abraza, entonces siente cómo el alma regresa a su cuerpo, ahí muere el frío, en ese contacto indescriptible para ella, pues siempre había imaginado la sensación de estar en el lugar correcto, que ahora encuentra.

Mientras se pierde en el aroma de su cabello, piensa en cuán feliz es al pasar unas horas con él, porque nadie puede ser más feliz que ella cuando se sientan a charlar por horas y en vez de café, beben risas. Han pasado ya 4 meses desde aquel primer beso, poco más o menos y la historia se ha escrito por sí misma. Tienen disgustos, risas, salidas, acuerdos y desacuerdos, han sabido mantenerse como pareja desde el inicio.

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Aprendieron a no incomodar a sus amigos con los mimos entre sí, marcaron espacios, decidieron que no mostrar más de lo necesario era lo mejor, aunque eso les costara mucho… Con el tiempo supieron distinguir prioridades para la relación y pensaron qué era lo adecuado, porque no iban a hablar de la nada sobre un hecho, tal vez, reprobable para los demás, ¿cómo explicar una historia?

Ciertamente están metidos en un lío, ella suspira mientras él la abraza. Lía, se llama, ¡Vaya nombre! Sólo hace honor al conflicto ya presente. Nico, chico perdido del mundo, la acerca más a su pecho, sabe por qué fue eso. Ahora no tienen tiempo de discutir; Lía ofrece sus manos para tibiar un poco las de Nico, quien no pierde tiempo y entrelaza los dedos. Ambos se quedan callados, el silencio vuelve a pasar cada segundo, los mira con piedad, después de todo no es su culpa ser un par de mortales y los abriga un poco mientras se pierden en un cálido beso.

Han aprendido a sobrellevar la intrahistoria que nadie conoce, nadie más que ellos; y las horas se les antojan cortas si se trata de seguir así. Es una pena que, teniendo tanto por darse frente al mundo deban ocultarse, más porque han aprendido a disfrazar una historia colmada de cariño de una amistad sincera… Y más triste es que, mientras uno es sincero, el otro duda por completo, porque disfrutan de la mutua compañía…

Porque vale más «Estar a tu lado«.