Una y mil veces más…

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Otra vez estoy aquí, a media noche. sentada en mi cama, otra vez pensando en todo. Otra vez pensando en ti. Siempre tengo las mismas preguntas, siempre sin respuestas.

¿Sabes que? Yo no olvido…

Aún recuerdo cómo me mirabas cuando me enfadaba, cómo te reías y entre carcajadas me cogías por la cintura y me sentabas encima tuyo para acabar besándome. Recuerdo cómo te enfadabas porque decías que miraba a otros chicos y que tú sólo tenías ojos para mí.

Recuerdo cuando decías que como yo jamás ibas a encontrar a otra, que yo era para ti y tú para mí, que habíamos nacido para estar juntos y que eso nadie podría cambiarlo jamás.

¿Recuerdas aquella noche cuando me dijiste que parecía que yo nunca tenía miedo, que siempre estaba segura de mí misma y que eso te encantaba? Entonces yo te contesté que sólo tenía miedo a una cosa y era a perderte a ti, a que un día fueras un desconocido, y tú me dijiste que no debía temer por eso, puesto que ese momento nunca llegaría,  que si te alejabas, tú sólo sabrías volver a mí.

Cada San Valentín, un ramo de rosas rojas, el último año me dijiste que sabías que lo del ramo de rosas ya no me ilusionaba, porque todos los años era igual, pero que para ti se había convertido en una tradición, y yo te dije que no quería que esa tradición sé perdiera jamás.  ¿Pero sabes qué fue lo que realmente pensé y nunca te dije? Que a mí no me hacían ilusión las rosas, que a mí cada 14 de febrero lo que me hacía esperar con ansias al de la floristería, era la nota que venía con las flores, porque esas palabras salían de tu corazón para mí. Quizá si en todo momento te hubiese dicho lo que realmente pensaba y sentía, te habrías dado cuenta de que no era tan materialista como pensabas, que no era tan fría.

Me dijiste un millón de veces que yo era tan fría como un glaciar, que no sentía, que era como una roca… Si me hubieses visto cuando lloré cuando supe que te había perdido, comprenderías cuanto sentía, lo sensible que soy y lo cobarde que puedo llegar a ser.

Perdón por no haberte mostrado esa parte de mí…

Sigo adorando tu sonrisa, esa forma de sonreír, como si le hubieses ganado la batalla al mundo, como si no existieran problemas… Fíjate cómo han cambiado las cosas, que de vueltas da la vida, ¿verdad?

Hice cosas muy mal, te hice llorar mucho y yo siempre te decía que lo que había hecho no estaba bien, pero que no me arrepentía porque ya estaba hecho y no había vuelta atrás. Bien, pues hoy quiero decirte que sí que me arrepiento. Me arrepiento de habernos matado. Desde que pasó todo, te he culpado, pero realmente la culpa no fue toda tuya, tú simplemente actuaste tal y como yo te había enseñado.

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Nunca me lo perdonaste y eso es algo que sabemos los dos. Por eso quería decirte que yo me he perdonado y te he perdonado, perdónanos tú. Yo me niego a pensar, que ya no te acuerdes de mí, no puede ser cierto, aunque tu corazón ahora pertenezca a otra, yo sé que me recuerdas, al igual que yo a ti.

Aunque me duela, quiero que seas feliz, quiero que seas muy feliz y si alguna vez la vida vuelve a juntar nuestros caminos, espero que no quede ni un ápice de rencor en nuestro interior, espero que podamos hablar y sobre todo, espero escuchar esas respuestas que tanto tiempo hace que espero.

He pensado un millón de veces en hablarte, pero como bien sabes, mi orgullo jamás me lo permitiría. El problema es que cada vez necesito más hablar contigo, no para decirte que sigo enamorada, porque tampoco sería cierto, ha pasado mucho tiempo…

Y necesito decirte que te perdono y que tú te disculpes también por todo el daño causado.