Una tarde conmigo…

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Aquí estoy aburrida, pensando en lo insoportable de la frustración. Es domingo y estoy en casa con ganas de no estar aquí, pero los amigos se han ido y nunca he salido sola, tal vez hoy sea el día indicado, dicen que hace bien que uno aprende a estar con uno mismo a terminar de conocerse, que es como una manera de consentirnos, tal vez deba intentarlo y así al menos sabré si me gusta salir conmigo.

No lo pienso más, me pongo mis jeans, medio acomodo mi cabello, me siento linda para mí, tomo mi libreta y salgo, mientras camino por la calle pienso en lo raro que es esto, pues en donde vivo no se acostumbra que las personas salgan solas que pasen tiempo consigo mismas, detengo esos pensamientos. ¿Qué me importa lo que digan o cómo me vean los demás? Hoy lo voy a disfrutar.

Sigo caminando y llego a un pequeño café, entro, pido uno, moka como siempre y me siento en un pequeño rincón en una pequeña mesita, pruebo mi café y pienso que no está tan mal, aunque he probado mejores y sonrío; la música es agradable, no es muy fuerte ni muy baja, tiene el volumen adecuado y es tranquila, lo suficiente para no distraerme de mis pensamientos, es relajante.

Me tomo un momento para observar el ambiente, es un lugar tranquilo, demasiado tal vez. Las personas entran y salen y me miran con rareza, pero eso ya no me importa porque me siento tranquila.

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Entre todas esas personas me llama la atención una pareja que está sentada frente a mí, la frustración acude de nuevo, pero no a mí sino a ellos. Ella le reclama algo parece celosa y muy molesta, está frustrada porque él no lo acepta, él está frustrado porque ella no cree en su explicación y porque a cada respuesta de él, ella tiene otra pregunta, otro reclamo, otra duda y no, no crean que yo estoy absorta en ellos y en su discusión y su vida; ni siquiera los estoy viendo realmente, pero ellos no lo hacen en secreto.

Él intenta acercarse a ella, la toma de la mano, pero ella se retira y entonces él deja de insistir y sucede lo obvio, al cabo de unos segundos ella se acerca a él y deja que la abrace la besa y sonríen, Dios mío, las mujeres somos tan predecibles, pasan unos minutos más, se levantan y se van felices, ella aún con sus dudas y él pensando que la ha convencido.

Comienza a escucharse el revoloteo de las aves cada vez más fuerte, listos ya para finalizar el día ansiosos por descansar y dormir, actuando simplemente por instinto sin saber diferenciar un martes de un domingo, sin poder disfrutar de un día diferente a otro, viviendo todos los días lo mismo sólo guiados por su instinto, tal y como lo hacen muchas personas también.

Las parejas con niños comienzan a marcharse sin entender que los niños aún tienen energía, los niños sin entender que los padres ya no pueden más, pero esta vez gana la autoridad de los padres sobre el deseo el berrinche y hasta llanto de los niños. Algunos jóvenes llegan en plan conquistador, algunas chicas se dejan conquistar, sonríen se sonrojan se ilusionan y se van esperando encontrar a este chico de nuevo por aquí a próxima vez.

Así la oscuridad inunda por completo el ambiente, las horas siguen transcurriendo, el resto de las personas comienzan a retirarse, todo comienza a quedar solo, los pájaros se silencian y hay tranquilidad, sí, más tranquilidad de la normal, aunque parezca imposible.

Al final no ha sido malo, he hecho algo distinto a lo habitual y me ha gustado, por hoy es tiempo de marcharme como lo han hecho todos los demás, creo que debería volver a pasar tiempo conmigo, volver a este lugar y ver el final de algunas historias y el comienzo de otras.

Pero por hoy ha sido suficiente…