Una razón más…

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Ha pasado algo de tiempo desde que escribí la última vez, pero esta vez era necesario.

Hoy no siento ganas de compartir un texto motivacional, un escrito sobre el amor per se, o que todo sea mariposas y miel; hoy no.

Hoy simplemente quiero escribir, escribirle a él, a mí, a nadie, a todos…

A veces, simplemente me sumerjo en un mar de pensamientos estúpidos, en ideas sin razón, en sueños que tan sólo me atormentan. Y es que en el fondo siempre existirá ese miedo. Ese miedo a perder esa sonrisa, esos ojos que iluminan mi día a día, presentes en mi mente, aun a muchos kilómetros de distancia.

Cuando la gente suele hablar del amor te cuentan todo lo que para ellos significa, pero cuando lo vives en carne propia, a veces suele ser tan diferente. En mi caso, la eterna enamorada empedernida, ilusa, tan rota por dentro y con una sonrisa por fuera, no fue la excepción.

Mi historia, como la de muchos otros, ha sido difícil, y hasta cierto punto creo que me convirtió en una persona diferente. A ti, al que ahora está conmigo, te pido una disculpa, sé que soy difícil; creo que es a única palabra que puede describirme. Difícil en mi forma de ser, de pensar, de relacionarme… No estoy acostumbrada a que alguien me pudiese querer de esa manera en la que tú lo haces, sin pretensiones, sin retenerme, sin buscar nada más que cálido amor.

Al final del día, eres lo único que me queda para continuar con una sonrisa, y no me malinterpretes. No tengas miedo, soy tan independiente como un alma completa, pero simplemente tu amor llenó todos esos espacios sin explorar, todas esas emociones, todas esas cosas lindas que le dicen a uno cuando te hablan del amor.

Me da risa de nervios de pensar que yo he sido la parte difícil en este camino, del cual cada día, cerca o lejos, me llevo una sonrisa al corazón. Y al final, los opuestos se atraen no? Frase cliché para muchos, sí, pero ha significado tanto para mí. Es decir, mírame ahora, comencé escribiendo sin sentido alguno y terminé hablando de ti.

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Hoy quería hablar de mi miedo, de ese terrible monstruo que se esconde en un rincón de mi corazón esperando el momento perfecto para saltar y absorberlo todo, miedo de que un día ya no tenga tu mano como apoyo, un hombro para llorar, una palabra de aliento, un “cuenta hasta diez” cuando esté enojada, un masaje para los días en los que estoy realmente agotada. Una razón más para conservar la sonrisa.

Miedo de que alguien que todavía no ha visto tus ojos, los vea por primera vez…

Sabes, en los días que te tengo lejos de mí, a veces me gusta recostarme y mirar al techo e imaginarte. Imagino que estarás haciendo, en qué estarás pensando, me gusta darte tu espacio, para que estés conmigo por decisión, porque quieres, porque eliges compartir tu tiempo conmigo, y que eso te haga feliz.

Te imagino sentado frente a la computadora, resolviendo cálculos, jugando con los números, como tú sueles llamarlo, concentrado, con la mirada fija en esas hojas que te ponen a pensar. Me encanta imaginar esos hermosos ojos verdes, recostado, pensando en nada y  a la vez en todo. O imaginarte descansando, a kilómetros de distancia, tan callado, tan susceptible, tan inocente.

Porque con cada detalle, cada momento, cada broma, cada sueño, cada te quiero, me das una razón más para quedarme… Una razón más para quererte.

Haces que todo el miedo se desvanezca, porque me regresaste la sonrisa, las ganas de soñar, porque me regresaste a la vida.

Por cada una de esas cosas, tengo una razón más para hacerte sonreír.