Una noche más…

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Tuve que llorarlo una noche más para librarme de ese amor por él que me estaba consumiendo el alma. Le lloré como nunca, le lloré hasta quedarme vacía y no sentir más dolor por su desamor hacia mi, le lloré hasta que todo lo relacionado con él se lo llevarán aquellas lágrimas amargas. Le lloré por última vez aquella noche donde me inundé de él para poderme vaciar y esta vez no dejar ni un rastro de su persona en mí.

Me vacié de él, dormí sintiendo ligera como hace mucho no me sentía y al día siguiente desperté sintiendo un hueco en el pecho, pero decidida a llenarme de cosas nuevas, de otras personas, de amor hacia mí misma.

A él lo amé, nos amamos en un lapso, le dejé permanecer más que en mi vida, en todo lo que soy yo.

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Él me hirió, me destrozó el corazón, pero yo le permití seguir teniéndome sin tenerme, porque le quería, pero él a mí ya no o quién sabe, sólo él entiende sus razones. Yo le permití, según yo, por amor el estar de intermitente en mi vida, luego de haber estado constantemente. Digo según yo por amor, porque tal vez lo mío, era deseo, tal vez eso era lo que sentíamos uno por el otro, pero en mi caso estaba mezclado con una ligera esperanza de volver a tenerlo  de verdad en mi vida.

Era fácil dejarlo ir, lo difícil era tomar la decisión, por eso le lloré una vez, me vacíe de él y después de eso mi esencia se desprendió de suya, mi corazón encontró paz y mi mente dejó de recordarle.

Me vacié de él, porque era la única forma de decidirme a dejarlo ir y nunca mirar atrás. Lo dejé ir con la firme promesa de no volver la vista, al final de cuentas él hace mucho que me había dejado ir.

Así fue como te olvidé, llorándote con todas las lágrimas y fuerzas escondidas en mí, tuve que llorarte una noche más.