Un portal de recuerdos

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Ayer fui al cine y fue como introducirse a un portal de recuerdos, un portal en donde pude estar en el pasado, era como una maquinita del tiempo.

Al entrar todo giró a mi alrededor y pude sentir el impacto de una ola de momentos que están más que vivos en mi memoria, te pienso tanto que mi memoria no ha notado todavía que terminamos.

Dentro de ese portal todo seguía su curso, excepto yo, yo estaba inmóvil, tan sólo observando. De pronto nos vi llegar. Abrazados nos poníamos de acuerdo para saber cuál película íbamos a ver y también para pasar el rato tomábamos fotos a los errores ortográficos de los anuncios. Me tapé los ojos con mis dedos cuando mi ese yo te hizo una pequeña travesura con su mano —jaja qué estúpido eres Alberto —Dije.

Nos vi pasar frente a mí y tú hablabas algo sobre comprar un helado al salir de la sala­. ¡A dónde vas! No seas tonto, cómpraselo ya, cuando salgan estará cerrado. — Me grité a mí mismo pero no me escuché, yo sólo era una presencia que nadie podía ver ni escuchar.

Nos seguí hasta los asientos y por una extraña razón pude lograr que no se te cayeran las palomitas. Mi otro yo sólo echó una pequeña risa de burla. Nunca imaginé que yo fui el que evitó que se te cayeran ese día.

En nuestra manera tan incesante de comer las palomitas pude notar que lo hacíamos para que se terminaran rápido y así ver la función abrazados, tu acostada sobre mi pecho o viceversa. También me di cuenta de lo tonto que me veo al preguntarte el porqué de ciertos sucesos de la película a sabiendas que tú tampoco la has visto.

Finaliza la película y en el transcurso a las escaleras me veo cómo les hago caras hostiles a los hombres que pienso que intentarán verte apenas y pasemos por ahí. Bajamos las escaleras y observo cómo me miras con esa dulzura con la que siempre lo hiciste Jaressy, de dónde sacabas toda la magia con la que movías las riendas de mi boca para que sonriera cada vez que se te antojara — Dije después de hacer el suspiro más profundo de mi vida.

De pronto todo giró de nuevo alrededor y ese portal me regresó justo al lugar en donde empecé. Volteé y ya todo estaba normal. Me dirigí a ver la película, ahora sin ti. No discutí con nadie para saber qué película vería, hice las cuentas solo al momento de comprar las palomitas, me cansé de estar en la misma posición en el asiento, otros hombres pensaban que vería a sus mujeres, sentí a la soledad cantarme al oído mientras bajaba las escaleras.

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No fue lo mismo ir sin ti. No sé si también sentiste lo mismo cuando tú fuiste al cine. Si es así, compartimos un poco de esa sensación. Pero si no es así; me he rendido porque te acabo de mostrar la debilidad con la que estoy sobrellevando esto. Te extraño y sé que quizá no puedo esperar lo mismo de ti