Un poco de jabón… ¡Lee esta linda historia!

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A él le habría gustado decirle muchas cosas mientras la miraba sonreír, estaba contenta por el simple hecho de tenerlo en frente, él estaba contento al saber que le correspondía. Habían pasado semanas enteras sin hablar, sólo sonrojos y sonrisas breves, pero al fin se atrevió a invitarla a dar un paseo por la ciudad.

Esa tarde estaba tremendamente nervioso, le dolía el estómago por tanta emoción, las manos le sudaban y tartamudeaba al querer esbozar palabras. A ella no le paraba de latir el corazón, era un ritmo bastante acelerado, su sonrisa estaba plena, aunque no podía ni hablar.

Esa tarde habían caminado casi mudos por el parque, y la pizza estaba intacta, era una de esas tardes en la que, lo que menos tienes, es hambre. Pese a lo romántico que se veía el atardecer, y aún sobre las estrellas en el cielo, esa cita no era más que el fin.

Es cierto, le habría encantado decirle que era justo quien se presentaba y no todo aquello que fue, que los ideales que ella tenía para él estaban perfectamente bien, que no fallaría y que tampoco lo había hecho antes, que estaba limpio. Le habría encantado ser la primer persona en verla sonreír antes de hacerla llorar, y por supuesto, ofrecerle un futuro de la mano, quería que ella llegara a estar en donde ninguna mujer había estado antes, a ella no la quería para jugar, estaba esperanzado en darle todo, pero no podía.

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Él mismo decía que estaba vacío, roto, desgraciado, no era digno de poner sus ojos en ella, ni siquiera la podía mirar, sabía que estaba sonrojada, pero era por el reflejo en los vasos, escuchaba sus latidos porque llevaban demasiado tiempo en silencio, y le agradaba la idea de intentar tomar su mano bajo la mesa, pero le aterraba que se diera cuenta de sus nervios.

Ella no perdía la calma, esperaba que él le dijera todo lo que gritaba su sonrisa, temblaba por dentro al imaginarse cómo sería estar con él en el futuro, y sentía que no podía más con el corazón. A ella le movía decir todo cuanto sentía, aunque no atinaba a encontrar las palabras exactas, temía que la rechazara por su pasado, por cómo había sido todo, porque en el fondo sabía que no era una santa, y, sin importarle mucho, se aventuró a hablar:

– Tal vez estoy mal porque me gustas, y porque mi pasado me ha devuelto un poco mal, pero, si no te importa eso, creo que los dos estaríamos bien si nos damos la oportunidad, finalmente, nuestro pasado no desaparecerá.

– Tal vez – repitió – … con un poco de jabón – sonrió frente a ella.