Un pequeño reencuentro…

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Mi día comenzó como cualquier otro. Tomé una taza de café por la mañana para estar más despierta al acudir a clases, mi madre decía que la cafeína hacia bien. Supongo que tenía razón, ella siempre se despertaba muy activa.

A diferencia de otros días, ese día sentí que algo estaba pasando alrededor. Como algún tipo de presentimiento pero no creía mucho en ellos.

Los presentimientos se me hacían algo tontos y ciertamente hasta imaginados, el destino es incierto y jamás podrás saber del todo lo que te tiene preparado.

Como de costumbre bajé del autobús unas cuadras antes de llegar al colegio. Miré mi reloj y faltaban 10 minutos para el timbre; a mí me faltaban unas cuatro cuadras para llegar. Tenía que apresurarme para estar a tiempo o sería mi segunda falta en la semana.

El timbre estaba sonando, ya podía escucharlo ¡Demonios! Pensé al sentir la pesadez de mi bolso que traía más artículos personales que libros. Seguí caminando, intenté correr deprisa pero no era buena en eso. Entonces caí:

-¿Estás bien? –Aquella voz no la habría reconocido en años. pero levanté mi mirada sintiéndome avergonzada por caer así, por ser algo torpe. Entonces  lo vi, era él.

 -¡¿Tú?! –Mi corazón latía con rapidez.

No podía creer que ese chico estaba ahí enfrente de mí. Tenía años sin verlo, ni  saber de él, lucía diferente. Ambos lo hacíamos. Mi amor de la infancia, era casi imposible de creer.

-No puedo creer que te haya encontrado justo aquí, justo ahora –Él sonaba sorprendido. Estaba más alto y yo sólo más pequeña que él.

Deseaba sentir cómo en aquel entonces de la primaria, pero fue triste darme cuenta que las cosas cambian, los sentimientos pasan y nada más el recuerdo queda. Éramos unos niños en ese entonces, nuestros corazones sentían emociones genuinas, ésas emociones de las cuales únicamente recordaba que me hacían sentir bien.

Nos miramos un poco más, queríamos charlar pero él tenía que seguir su camino y yo el mío.
-Espero volverte a ver –Me dijo con esperanza albergada en sus ojos.

-Yo también –Di media vuelta. Volví a mirar unos segundos después y ya se había ido.

Siguió su camino, seguí mi camino a clases, a las cuales llegué retrasada pero sin falta.

Aquel pequeño reencuentro me dejó deseando regresar a esa época de niños, donde los sentimientos son más verdaderos. Pero eso es ya solamente un recuerdo.

 Los sentimientos pueden cambiar o hasta morir, pero los recuerdos jamás lo harán.