¿Un clavo saca a otro clavo?

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«Un clavo saca a otro clavo», frase utilizada por la mayor parte de la población, y me atrevo a decir que todos en algún momento de nuestra vida, sin importar en la etapa de crecimiento en la que nos encontremos y creamos o no en esta frase célebre, la llegamos a vocalizar; y no me refiero al hecho de solo pronunciar la palabra, sino de pasar a formar parte, aunque sea tan solo un segundo del porcentaje que fervientemente cree que así es como superas un amor fallido.

Yo me pregunto ¿qué es lo que hace, que aun siendo ateos a esta peculiar forma de rehabilitación hacia el desamor, nuestro inconsciente crea profundamente que así «debe» de ser?

Hay dos cosas muy importantes que influyen:

Una de ellas es simplemente la ilusión, si, la ilusión de volver a sentirnos enamorados, volver a amar, compartir y crecer con esa persona especial, la que con tan solo tomarnos de la mano nos hace sentir como si camináramos sobre una nube. Aquella que hace que cinco horas se esfumen tan rápido que al darnos cuenta que es momento de partir, sencillamente no podemos desprendernos. La ilusión de creer que en alguna parte del mundo se encuentra la «pera» que era, es y siempre ha sido para nosotros; y digo pera porque no existe tal cosa como la media naranja, cada persona de este planeta es genuina, irrepetible y especial, no estamos buscando la segunda parte de nosotros, estamos en este viaje que, si bien nos va, en nuestro destino descubriremos y seremos descubiertos por la persona que nos complementara.

La segunda de ellas es nuestro entorno, que nos ha enseñado como «deben» de ser las cosas, como debemos actuar, como debemos vestirnos, como debemos de pensar, de sentir; nunca interrogamos todas estas cosas en las que se nos han puesto ciertos estándares, aun cuando no creamos en esta frase y digamos «jamás lo haría», cuando nos encontramos en una situación en la que nos han roto el corazón, y caemos en la etapa del duelo, el enojo toca a nuestra puerta, estos pensamientos llegan a nuestra cabeza, se hacen presentes y si le sumamos todos los «deberías» que nos han sido inculcados, ya conocemos el posible resultado.

Cuando caigamos en este tipo de circunstancia debemos de imaginarnos clavando un clavo en la pared, al sacarlo veremos que queda una «herida», la que nosotros estamos sufriendo, y si ahora sin quitar el primer clavo, intentamos con otro meterlo por la misma, no vamos a conseguir sacarlo, ahora vamos a tener dos, vamos a sufrir más, y nuestro corazón va a tardar más en sanar, ni hablar de sacar dos clavos con otro.