Tu lugar en el mundo

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Me pierdo, me busco y a veces me encuentro…

He leído un montón de libros, conocido a muchas personas, escuchado excelentes historias y quizá lo mejor aún no lo escribo.

A veces me pierdo en mil divagaciones, en preocupaciones del día a día, dando mi atención a personas que no lo merecen, a circunstancias que no tienen ninguna importancia. Tengo miedo de cosas que probablemente nunca sucedan, me ahogo en detalles, sin fijarme en lo que realmente importa. Cada día necesito parar un segundo para buscar dentro de mí, mi esencia, quién soy realmente, para buscar aquello que se esconde bajo sonrisas que no siento, bajo miradas que no pueden disimular.

Solamente a veces me encuentro y veo quién soy realmente, pero me siento muy pequeña, tanto que me escondo de nuevo para que nadie me vea, para utilizar como escudo una sonrisa que no es la mía, que la tomé prestada de una persona que no soy yo.

“Quien no encaja en el mundo, está siempre cerca de encontrarse a sí mismo”.
-Hermann Hesse.

Me pierdo con la velocidad de las cosas.

Para la mayoría de nosotros, la realidad es algo que ocurre a toda velocidad. No tenemos casi tiempo de hacer las millones de tareas que nos proponemos, corremos para ir a trabajar, para ir a la escuela, para ir a una cena fuera de casa, incluso a veces, para salir de vacaciones. Pero, ¿dónde está ese espacio para encontrarnos con nosotros mismos?

Hay que intentar frenar la velocidad a la que transcurren las cosas, buscar nuestro espacio, crear ese lugar para disfrutar de lo que más nos gusta. Para un poco, respira, mira a tu alrededor, observa el cielo, las nubes, los árboles, las estrellas por la noche y disfruta.

“Estoy intentando encontrarme a mí como persona, a veces eso no es fácil de hacer. Millones de personas viven toda su vida sin encontrarse”.
-Marilyn Monroe.

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Escucha a tu corazón.

Nuestro corazón nos habla muchas veces, pero estamos tan pendientes de lo que nos dice nuestra cabeza, de todas las cosas que tenemos que hacer, de ir rápido. Pero si nos paramos un momento a escuchar cada uno de sus latidos, tomaremos el pulso a nuestra vida.

¿Qué te dice tu corazón? Escucha atentamente porque con cada latido susurra palabras que a veces no queremos oír o que nos dan miedo, pero son necesarias.

Si tu corazón te dice que algo en tu vida tiene que cambiar, es hora de afrontar los miedos y hacer posible lo imposible. Tener miedo a que algo cambie es humano, pero por lo general de los cambios se aprende y se sale fortalecido.

“No es oro todo lo que reluce, ni toda la gente errante anda perdida”.
-Tolkien.

 

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Si estás solo, déjate acariciar por la soledad.

La soledad es un estado necesario a veces, nos ayuda a encontrarnos a nosotros mismos, a saber quién es realmente la persona que hay dentro de nuestro ser. Cuando nos alejamos del ruido, de las demás personas, aprendemos a escuchar el silencio, a escuchar lo que pensamos y a reflexionar sobre nuestras creencias.

Cuando estamos solos somos capaces de apreciar los pequeños detalles de las cosas que nos rodean, de ver la vida en sus infinitos matices y apreciar sus colores, sus olores, sus sabores. Busca ese momento de soledad, de encontrarte a ti mismo, a tus pensamientos más profundos, deja que la soledad te acaricie y te reconforte.

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Encuentra tu lugar.

A lo largo de nuestra vida, nos perdemos muchas veces, nos equivocamos, rectificamos, algunas veces acertamos y volvemos a cometer errores. Pero siempre aprendemos, porque con cada paso nos acercamos cada vez más al lugar que debemos ocupar en el mundo, a ese lugar del que no nos podremos ir.

Quizá ha llegado el momento de despertarse a la vida, de dejar de lado lo de ganar y perder, de abrir los ojos y ver dónde estamos y quiénes somos. Encontrarse a uno mismo significa tener confianza, aceptarse y sobre todo: conectarse con los más profundos deseos y sentimientos.

Damos demasiadas vueltas para encontrar un lugar en el que nos sintamos cómodos, pero cuando lo encontramos sabemos con certeza que ese es el lugar, que nada podrá movernos del sitio donde estamos porque nuestras raíces ya han crecido y han encontrado lo que tanto anhelábamos:

A nosotros mismos.