Tienes miedo de ti…

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Alguna vez me cuestioné el porqué de tus acciones, tus manías e incluso de tus hermosos detalles; también me pregunté mil veces qué era lo que te hacía feliz y qué era lo que yo podía hacer para verte pleno. Hoy me di cuenta de que todo este tiempo tuviste miedo.

Tú me amas aún, lo sé porque lo miraba en tus ojos, lo leía en tus palabras, pero es de esa clase de amor a distancia a pesar de estar siempre tan cerca, siempre la mitad del día bien y la otra mitad tratando de alejarme diciendo: “no te alarmes de mi forma de ser, te amo pero me cuesta demostrarlo, confía en mí”. Mi corazón ya no pudo aguantar así, mi vida necesitaba más de ti.

El día que no llegaste, el día que te llamé y no contestaste, el día que dormí sola, que lloré por semanas por no saber de ti,  entendí que no era yo, sino tú quien me daba todas esas señales de que me alejara de tu vida; porque no podías darme más, pero no querías ser el culpable, tenías miedo de ti y no de mí, miedo de no ser lo que yo necesitaba, miedo de que yo te amara como nadie en tu vida, miedo a no estar solo, qué sé yo, ¡simplemente miedo!

Esa maniática forma tuya de alejarme cada que podías, de ausentarte de mi vida por días e incluso semanas, siempre pensando en todo de ti, pero jamás en un nosotros, nunca en mis prioridades o sentimientos. Para mí no era necesario decirte cuánto te amaba puesto que siempre te lo demostraba.

Sin embargo, yo me empeñé en construir un imperio con nuestras ruinas, pensaba a cada momento:

“¿Qué estás esperando? siente, ámame sin miedo como yo lo haré, quiero estar ahí cuando caigas o alces el vuelo sin importar nada”

Y aún sigo aquí queriéndote, aunque ya no esperándote, porque el día que te desapareciste, comprendí que tu miedo es más grande, que tienes tus razones y yo no soy nadie para cuestionarte.

La vida da muchas vueltas y al encontrarnos simplemente sonreiré.