Testimonio de un corazón despedazado

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Desde el momento en que apareciste en mi vida supe que serías alguien especial, alguien que desencadenaría cientos de emociones dentro de mi ser.  Y así fue.

Al parecer estar en tu compañía me generaba una especie de bienestar, pues antes de ti había experimentado bastante sufrimiento amoroso. Estaba contigo y parecía no existir ningún problema en la faz de la tierra. Amaba tu risa, tu compañía, amaba todo de ti y sé que también llegaste a amarme desenfrenadamente.

El amor es como el viento. Se siente pero no se puede ver, el viento siempre está, pero si no viene en grandes cantidades, no lo notamos. Tu amor fue como el viento de una playa en verano; favorable para pasarla bien y disfrutar, pero jamás lo notas, no te afecta, ni te cala. A comparación con el mío que fue viento digno de un huracán. Así fue lo nuestro, tan loco, tan desigual, tan irracional que jamás podríamos llegar a comprenderlo.

Éramos tan diferentes, dos polos opuestos; pero a la vez tan iguales, como uña y mugre. No puedo negar que fui feliz a tu lado. Tantas noches de fiestas, de copas, días enteros en tu compañía, días con la familia, días en los que sólo me limitaba a extrañarte y esperar el momento de volver a verte, para entonces besar tus lindos labios.

A pesar de la gran dificultad que tenías para demostrarme tu amor, jamás decidí alejarme de ti, pues estaba completamente convencida de que me amabas tanto como yo a ti, sólo que no lo mostrabas igual. Me encantaba estar contigo, pues estaba completamente loca por ti y eso me hacía querer cometer tantas locuras inexplicables a tu lado; ahí comenzó el problema, cada loca idea que tenía te parecía irracional. Ir de picnic: “Que flojera”, hacer un viaje corto: “Arriesgado”, tener una cita bajo las estrellas y tomar unas copas de vino: “Cursi”, pasar una noche con tus amigos y yo tratando de encajar en tu círculo: “Genial, eres la mejor”.

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Amaba pasarla  bien a tu lado, no lo niego me divertí demasiado. Sin embargo anhelaba el momento que accedieras a una de mis “locuras”. Pero toda espera tiene un límite. Cierto día me pediste que eligiera un lugar donde pasar tiempo junto y desinteresadamente, entonces contesté «Lo que quieras»… Pareciera que en ese momento acababa de abrir la mismísima caja de pandora. Explotaste sobre mí reclamando cosas inciertas, acusándome de jamás querer estar contigo. Pues si bien aunque te amaba, no permitiría que me faltases al respeto. Recuerdo haberte dicho muchas palabras hirientes, mismas que fueron motivo de que me humillases y fueras rotundamente grosero conmigo, entonces he ahí a  tu novia, TU GRAN AMOR siendo despedazada por SU GRAN AMOR.

Ese día te estacionaste en un callejón oscuro y abandonaste el coche, dejándome dentro de él. Mi miedo y el gran amor que sentía por ti me hizo correr tras de ti hasta alcanzarte, fue ahí justamente en aquel lote baldío, en la esquina de la calle 16 cuando tu mano toco mi mejilla con gran coraje golpeándome la cara, humillándome ante el gran amor que sentía por ti. Intenté alejarte de mí con mis manos y las tuyas dignas de una gata en celo arañaron mis manos. Ahí fue donde obtuve la mayor marca que me dejó tu amor, una cicatriz sobre el dorso de mi mano.

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Sentía un enorme miedo por perderte, por no tenerte más en mi vida, así que decidí quedarme contigo, perdonar tus faltas… Pero no podía con ese inmenso dolor y ese miedo de tenerte a mi lado. Pues si bien, estaba segura que quería estar contigo, también sentía un gran temor a que me golpearas de nuevo.

Así fue que decidí dejarte, decidí alejarme de ti y ser feliz conmigo misma, sin saber nada de ti, ni de otros hombres. Pues estoy segura de no necesitar a nadie en mi vida, conmigo me basta… Sin embargo vives encaprichado con buscarme, con recuperar mi amor. Amor que se esfumó como consecuencia de tus actos violentos.

Hoy que vivo en otra ciudad, tengo nuevos amigos, nuevas metas e inquietudes, ahora tengo el valor de agradecerte que hayas sido un mediocre cuando estabas conmigo, pues aprendí tanto de lo que no quiero en mi vida. En realidad no sé del todo que es lo que quiero en mi vida; pero sí sé y estoy segura de lo que no quiero… No quiero a alguien como tú.

El amor como fácil llega, fácil se va, y el tuyo, después de tanto tiempo, se ha ido, dejándome como moraleja que sólo existe un amor para siempre:

El amor a uno mismo.