Tengo miedo de seguir queriéndote…

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Y entonces lo supe… Me di cuenta de que no era verdad nada de lo que dijiste durante todo el tiempo que duró lo nuestro, ni te enamoraste nunca, ni bebiste los vientos por mí, ni vivías porque yo te diera el aire para respirar. Me engañaste… O yo me dejé engañar pensando que tenía el poder suficiente para hacer que no te marcharas.

Te perdí… O me perdiste. Porque desde el mismo momento en el que acabaste con nosotros para ser solamente tú, supe que no volvería a perder la dignidad que me quedaba intacta para correr a tu lado de nuevo. Por eso quizás lo pase tan mal, porque sabía que era el final de todo y que ya no habría vuelta atrás.

Aun así, me propuse esperar una reacción por tu parte, que no fuera tan cobarde como la que has tenido, y en la que reparases, al menos, el daño que me habías causado, haciendo menor la humillación que me hiciste sentir en su momento, poniendo en duda el amor que había siempre profesado.

Sólo un perdón hubiera bastado para deshacerme de toda idea de orgullo y perjuicio. Pero ni eso has hecho por mí y con tu forma de actuar has dejado más dolor en mi corazón. Me aterra la idea de echarte de menos, de comprobar que pasan los días y todo sigue igual entre nosotros.

Tengo miedo de seguir sintiendo, de seguir oliendo a ti, de seguir viéndote en mis sueños, de seguir encadenada a alguien que siempre demostró que le importé tan poco. Pero sobre todo…

De seguir queriéndote sabiendo que tú no sientes lo mismo que yo.