Tengo ganas de enamorarme

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¡Tengo ganas de enamorarme!

Tus ojos puestos en mí, qué comprometedor.

Lo dijiste frente a todos, lo dijiste tan seguro que miedo me dio, sólo pensé ojalá que no piense en mí, realmente no me gustan los fans prefiero tener amigos.

Los días siguieron, tan lejanos como siempre, hasta que empecé a notar algo raro en ti, tu sonrisa era bien dirigida, tus chistes me parecían estupendos y moría de risa, ocho horas al día, cinco días a la semana, me  empezó a gustar estar a tu lado.

Mi presión baja me obliga a estar siempre fría y forrada con suéter o chamarra pero un acercamiento a mí fue suficiente para que lo notaras de inmediato, me preguntaste que por qué estaba tan fría, tu expresión fue: ¡pareces muerta!, fue el detonante de tus deseos y de mis inseguridades, pues me tomaste las manos y las calentaste, ese fue un buen pretexto, pues jamás las quise soltar.

Empezamos con una salida a Coyoacán, me aseguraste que el café del “Jarocho” era el mejor, me aseguraste que los tacos del chupacabras eran los más llenadores, me aseguraste que esa tarde iba a ser inolvidable y lo fue, la artesanía y cultura estaban muy lejos de las plazas comerciales y los restaurantes que era lo único que yo conocía.

Nunca había sido tan placentera mi estadía en la escuela, las tardes contigo eran sumamente cortas, llegaba la noche y ese gélido frio que nos empapaba era una buena excusa para refugiarme en tus brazos. Todo era confortante y cada día la que se sentía enamorada era yo. Recuerdo que planearon una fiesta, todos los del grupo iban asistir, desde nuestra salida a Coyoacán tú y yo no habíamos tenido un momento a solas, algo más comprometedor, me entusiasmó la idea de poder intercambiar otras experiencias contigo.

Estaban todos listos, habíamos logrado escapar de la escuela a una hora razonable para disfrutar de una fiesta de adolescentes-jóvenes, entonces ocurrió lo inimaginable, recibí una llamada que me quito todo el ánimo y las ganas de estar contigo, mi novio me acababa de decir que pasaría a recogerme a la escuela, pensé: ¡que maldito, nunca viene por mi¡.

Me acerqué lentamente y les avisé que esta vez no los podía acompañar, que me quedaba en la escuela pues mi novio iría por mí, cuando escuchaste mi razón te quedaste mirándome como pidiendo que fuera sólo por esa ocasión.

Los vi alejarse frustradamente, pensaba en ti y yo tenía un compromiso, un compromiso que cualquiera quisiera tener y yo tenía algo que no quería tener.