Te quiero, aunque tal vez nunca me atreva a decirtelo.

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Todas, durante algún momento de nuestra vida nos hemos encontrado en la incómoda situación de estar perdidamente enamoradas de alguien que a quien no podemos decirle todo lo que sentimos.

Hoy te vi pasar, con ese aire despreocupado y esa chaqueta que tanto me gusta. Fue un día como cualquier otro, en el que me dedico a observarte y a soñar con la posibilidad de un futuro juntos, pero, como siempre me acobardé en el último minuto.

¿Qué piensas? ¿Qué sientes cuando me miras y cuando no estás conmigo? ¿Me extrañas? ¡Cómo me gustaría poder entrar en tu mente! saber que ocupo en ella un lugar, aunque sea mínimo, pero significativo.

Todo pasa tan rápido. Pasas a mi lado sin darte realmente cuenta del impacto que causas en mi, de las ganas que tengo de abrazarte, de las palabras que me suplican por salir, de los latidos de mi corazón que súbitamente se aceleran.

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Vienes y te vas, dejando este hueco en mi vida, este espacio que te guardo desde hace tanto tiempo. Te sueño, imagino el sonido de tu voz, el estruendo de tu risa, el sabor de tus labios. Sueño que me cuentas de tu día, que me platicas de tus sueños y pasiones, que compartimos un día de campo, una ida al cine o una cena casual en mi casa. Sueño que amaneces a mi lado y que me dices sin palabras, con esos hermosos ojos, que me amas y yo me convierto en la persona más feliz del mundo.

Si tan sólo tuviera el valor de decirte lo que siento, de pedirte una cita, podría disfrutar de tu presencia y estar más cerca de ti de lo que jamás lo he estado, pero soy cobarde porque siempre ha podido más el miedo de que me rechaces. Pero lo que más duele es pensar que tal vez nunca serás mio y no porque no seas capaz de amarme, sino por mi y por mi miedo.

Te quiero.