Te extraño… Pero no te necesito

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Estos día tan fríos, tan melancólicos, tan llenos de recuerdos y esperanzas… me han llevado a pensar en cuánto te extraño, pero al mismo tiempo en que no moriré por ello. Aquello del amor se ha idealizado tanto, que el hecho de perder a la persona que queremos nos lleva a creer que no hay nada más después de eso. Y aunque aquello parece cierto por un momento… es cuestión de tiempo para entender que hay miles de cosas más que pueden hacernos felices. Una de las cosas que me hacen muy feliz a mí, es haberme dado cuenta de que puedo repararme sola.

Amaba la manera en que tus labios pronunciaban mi nombre, y aquél gesto tuyo de confusión cuando no entendías algo. Amaba la forma en que me tomabas de la mano y el cómo tus mejillas se enrojecían después de un día soleado. Me encantaban los lunares de tu espalda y aquella ridícula forma en que imitabas mis gestos. El como tronabas tus dedos, acomodabas tu cabello, te concentrabas en algo, cuando cantabas tus odiosas canciones y tu graciosa manera de bailar.

En el momento en que todo terminó, y me di cuenta de que no podría disfrutar más de todo aquello, cual adicto a una droga… caí en el síndrome de abstinencia. Y me era difícil imaginar como serían las cosas sin ti. ¿Ahora quién me haría reír con la intensidad en que tú lo hacías? ¿Quién acomodaría mi cabello detrás de mi oreja para darme un beso? ¿Quién me diría que todo estaría bien, después de un agotado día? o más bien ¿Quién haría todas aquellas cosas, exactamente como las hacías tú?
Y sé que suena estúpido, suena demasiado dramático para mi gusto, pero en ese momento lo creía así, y no mentiré, aún lo creo en mis lapsos de pensamientos sin sentido.


Es sorprendente la menara en que nos adaptamos a algo, el cómo modificamos nuestra forma de actuar, de expresarnos y de ser, para lograr una empatía con lo que nos rodea, con lo que nos hace sentir felices y seguros. Y es también increíble la forma en que un pequeño o gran cambio puede desajustar nuestra balanza y hacernos sentir indefensos, aún cuando luchamos por parecer fuertes.
Tú lograste eso en mi vida, lograste un desajuste interno en mí, que me hizo inclusive dudar de mí misma. Y eso terrible… terrible porque creo que lo peor que puede hacer una persona, es permitir que le hagan dejar de creer en sí misma. Y aun cuando eso es fatal, tarde o temprano nos sucede a todos. Realmente odie que fuese el primero en lograrlo conmigo.

No sé como, pero poco a poco pude comprender aquello de que  jamás debes poner tu felicidad completa en manos de otra persona, porque si esa persona se va, se llevará tu felicidad consigo. Y eso no es justo ni para ti, ni para esa persona. Nadie tiene la obligación de cargar en su conciencia la infelicidad del otro, nadie tiene el deber de abandonar su integridad por caprichos de nadie. Aunque eso pareciera egoísta, es un buen consejo si lo que se busca es ser feliz.
Y es cierto que te extraño, que por momentos quisiera verte sentado en mi sofá. Es cierto en ocasiones me vence la nostalgia al recordar lo que solíamos ser...  Pero todo aquello no significa que no puedo ser feliz sin ti.
Todo aquello que parecía ser mejor si estabas tú, ahora se ha vuelto un motivo para ser feliz conmigo misma. En algún momento habrá quien valore eso de mí, la fortaleza que con tropiezos y errores he logrado hasta ahora.

Claro, te extraño… Pero no te necesito y se siente bastante bien decirlo.

Escrito por: Mayeli Tellez.