Te di tanto que me olvidé de mí

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Dediqué tanto a nutrir nuestra relación, a cumplir todos tus afanes y excentricidades, que no me daba cuenta lo mermada que estaba mi vida. Te conocí y entregué todo por ti, te entregué mi alma, mis días, mis regodeos, mi libertad y hasta mis emociones. Hoy me encuentro en un mundo colmado de alegría, de paz, ilusión y energía, pero en el pasado esa nubosidad que instauraste y a la que le llamabas amor me encandilaba, al punto de no saber a qué terrenos me enfrentaba.

Tantos momentos que perdí con mi familia, esas amistades que me sacaban de la rutina y ángeles que anhelaban mi sonrisa. Todo eso se fue en mi trecho por conocer el amor y entregarme en plenitud; pero, ¿sabes?… No me arrepiento de entregarme en cuerpo y alma, pues eso era lo que codiciaba para mí, sin embargo, pagué un precio demasiado alto por conocer aquello que desentendía, lo que sólo leía en las novelas románticas del genio Shakespeare;  “Los puentes de Madison” del gran Waller y «El sentido y la sensibilidad» de Jane Austen.

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Me duele haberme conformado con novelas baratas donde éramos protagonistas, donde la comedia la llevaba yo para que rieras a carcajadas, pero lamentablemente no era por mis vaciladas. Olvidé tanto que aún no recuerdo en qué momento me disipé, en qué instante desistí a existir para entregártelo todo a ti, pero sobre todo, en qué santiamén me relegué a mí.

Por querer ser lo mejor para ti, me olvidé que la vida sólo es un momento, somos simples turistas en un viaje sin retroceso. Quise descubrir algo nuevo y me topé con este discernimiento que en mi existencia ha dejado algo concreto:

Te di lo mejor que tenía, mi propia vida y hoy la voy a reclamar pues fue… Debut y despedida.


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