Te agradezco… Aunque te hayas ido

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El día en que decidí dejarte ir, fue en el momento en el cual yo comprendí el verdadero valor de mi sentir. No fue como antes, cuando aún pensaba que lo que yo sentía iba a durar mucho tiempo y que por lo tanto sufriría más.

Esta vez entendí que independientemente de cuánto dolor me provocaba tu partida, no te podía odiar ni lo haría jamás, quizá la duda me durará toda la vida, es más, probablemente esta respuesta no sea del todo lógica, pero es lo que en verdad pienso.

Para las personas que vivimos realmente la soledad y frialdad en nuestras vidas, podemos saber con exactitud lo que se siente cuando toda esa mirada y actitud frente a la vida desaparece; a unos les pasa diferente que otros, pero al final de cuentas lo comprendemos; desde luego no todos opinan lo mismo.

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Sin embargo, concordamos quienes nuestras emociones empezaron a salir de repente, quienes las canciones de amor empezaron a significar algo, quienes pudieron decir te quiero a los demás, para quienes las tardes al fin eran buenas y divertidas, quienes pudieron salir de casa sin temor a que se enfrentarían.

Las quejas ya no parecen incomodarme del todo, los romances breves e intensos ya no me asustan, pensar en estar con alguien me parece interesante; ni yo misma lo entiendo, yo vivía refugiada y aislada, existía el miedo al dolor… Y lo siento, pero no le temo.

Por todo esto y más, quiero que entiendas que no puedo odiarte, porque esta persona que soy, de la cual un día te convenciste de que la querías, la ayudaste sentir cuando ni siquiera se acordaba de vivir sus emociones, la ayudaste a ver el mundo distinto; hay dolor, pero se vive. Puedo recordar que es verdad cuando dicen que el amor te salva, porque es cierto, el amor me salvó la vida.

Simplemente gracias, aunque ha te hayas ido.