Soy esta mujer…

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Mujer… Sí, como cualquier otra. De ningún otro mundo,  más que de éste. Fuerte sí,  aunque vulnerable en ocasiones, también libre como un ave y soñadora como niña.

¿Quién podría atreverse a clasificarme? ¿Describirme y señalar en mí, cualidades y defectos sin temor a equivocarse? Yo lo reto.

Desde el día que me engendraron se hacía magia; fui elegida para ser mujer, con aspecto y características delicadas, desde ahí también con estereotipos trazados; ya desde entonces mi destino sería «rosado».

Nadie lo esperó así,  pero nací y entonces todo lo pronosticado se esfumó; lo siento, no fui nunca una mujer cualquiera y el rosa se anuló.

Nací mujer, sí, pero soy el tipo de mujer que llora y no por eso es débil; aquélla con fuerza interna suficiente para responder, la mujer sensible pero firme, el tipo de mujer que puede tener miedo pero es valiente. Soy aquella mujer que sabe que al arriesgar puede perder, pero sólo por el hecho de intentarlo ya ganó.

Soy mujer, sí… El tipo de mujer que reta, la mujer que se quisiera tener cerca, pero es difícil retener, y no por arrogancia sino por amor a la libertad.

Soy el tipo de mujer que no respeta todas las reglas,  no por rebeldía, sino por propia defensa; y es que, ¿quién es alguien para señalarme qué hacer?

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Soy esa mujer que no se calla mientras tenga algo que decir,  que apoya y aplaude cuando así lo siente, soy la mujer que ama la vida y sus colores; aquella que acepta que hay personas que amará y otras que simplemente no soportará.

Soy ese tipo de mujer obstinada y atrevida, ésa que es rebelde pero con causa, aquella cuyos amigos se cuentan con los dedos; soy ese tipo de mujer con ideas raras, quizá prejuiciosa y desconfiada. Celosa como todas, pero con fundamento.

Soy ese tipo de mujer que no cree lo que no ve, que no escucha lo que es vano, que no acepta lo que no quiere, que no dice lo que no siente, que no busca lo que no necesita y por sobretodo, no ama a quien no lo merece.

Soy finalmente una mujer, como cualquier otra, pero ten en cuenta una cosa: Mi mente, mi cuerpo, mi voz y hasta mi aroma son sólo míos, únicos y nunca,  nunca se vestirán de rosa.

Mujer siempre soñadora, enamorada de la vida y quizá con ilusiones desbordadas; arriesgada y con empuje, de pasos firmes en suelos movedizos. Mujer de hechos más que de palabras.

Mujer al fin y al cabo, con criterio y amor propio; vestida de colores, en todos los tonos, pero nunca, nunca sólo vestida de rosa.

 

Por: Laura Calderón