Sin ti…

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Desde que no estás nada ha sido igual, todo cambió, para bien y para mal.

Ya no estás y debo admitir que te extraño, te extraño siempre. No digo que me hagas falta, porque no es así, he aprendido a vivir sin ti, a sobrellevar tu ausencia, pero eso no significa que no te extrañe, que no extrañe a la persona de la cual me enamoré, a quien amé tanto.

Todo ha mejorado en muchos aspectos, soy mejor persona, he aprendido mucho y he sabido valorar cosas y personas que en el pasado no hice. Hoy estoy renovada, soy feliz y he hecho cosas con mi vida, no todo lo que he querido, pero vamos en el camino.

Sin embargo, a pesar de todo, de estar bien y mejor que nunca, tú eras una pieza en mi vida, una que le daba más alegría, más luz y hacía todo un poco mejor. Te extraño mucho, extraño todo lo que hacíamos, todo lo que decías y cómo tus brazos rodeaban perfectamente mi cintura.

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Extraño tus locas manías, esas que odiaba de vez en cuando y que poco a poco empezaba a aceptar. Extraño tu risa, tu olor, tus chistes, tus siestas y poder verte dormir, extraño cada pequeño defecto que en algún momento pensé que era lo peor, sí, extraño todo. Y no tengo ni la menor idea si tú de vez en cuando me extrañes o pienses en mí. Si sé de ti es por lo poco que la gente me cuenta, aunque he preferido evitarlo, no quiero y no deseo saberlo. No hay odio no te preocupes, pero es mejor y es más sano no saber de la persona que decidió alejarse de tu vida.

No sé si te ame todavía, es difícil decirlo y ponerme a pensar sería darle muchas vueltas al asunto, sería abrir una herida que está cicatrizando. Te extraño y hay días en que quisiera volver a vivir todo lo que pasamos y otros simplemente en que acepto que lo mejor fue conocerte, pero fue mejor haberte perdido.

Al principio de tu ausencia no sabía qué hacer sin ti; hoy de verdad, no sabría qué hacer contigo.