Simplemente, espero a un hombre de verdad

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Mi vida solía ser una parodia de mis propios pensamientos, un teatro barato en el que participaba, porque muchas veces vivía creando ilusiones y pensando en tonterías e irrealidades sobre el amor y las relaciones. 

Luego de tener algunas experiencias amargas a lo largo de mi vida, hoy por fin, quiero confesar que he dejado de creer en los hombres; en esos hombres disfrazados de principe, aquellos como salidos de cuentos de hadas, esos seres de sangre azul, caballeros valientes que vendrán y lucharán contra el mal para llegar a mí, rescatándome y así, ser por siempre felices. Nada más fuera de la realidad.

Hoy creo en los hombres de verdad, esos que van por la vida firmes en convicciones, de esos que te protegen y defienden, no con fuerza bruta sino con inteligencia, de esos que te muestran más con hechos que con palabras sus sentimientos, esos hombres que son viscerales pero que reaccionan así con un propósito.

Yo hoy simplemente quiero conmigo a un hombre inteligente, que no necesite ser rescatando de abismos, un hombre sano emocionalmente, lo suficiente como para darse cuenta de su propia valía, porque un hombre que se ama y se respeta, querrá una mujer de valor y respeto.

Quiero un hombre seguro de sí mismo, que demuestre que sus tiempos de angustia e indecisión han quedado atrás, que ha cerrado ciclos por completo, que ha dejado de menospreciar todo lo que tiene para dar. Un hombre que ahora sólo ve su pasado como lección y que hoy quiere para él, sólo lo mejor.

Quiero un hombre que tenga el valor de reconocer que se ha equivocado, pero que ha sido capaz de rectificar y que no volverá a caer en los mismos errores; un hombre con dignidad, que sabe alejarse de personas tóxicas; un hombre íntegro que toma de las experiencias los aprendizajes necesarios y lo demás simplemente lo desecha.

Quiero ese hombre maduro que quiera acompañarme en el camino, tomados de la mano, ese hombre que acepte que a veces necesita apoyo, que pretende sentirse amado, considerado, reconocido y por sobre todo, respetado y comprendido.

Quiero a ese hombre real, cansado ya de antes tanto fracasar, ese gran hombre que se formó debido a caídas, hoy por fin superadas, un hombre que desee igual que yo un amor coherente, uno que no lleve prisa de avanzar, ese hombre que quiera disfrutar de la magia de compartir desde cero la experiencia de amar.

Quiero para mí un hombre harto de inmundicia, de cariños mediocres y palabras sin sentido; ese que al día de hoy quiera vivir un amor verdadero, que desee fundirse en inmejorables besos y juntos culminar encuentros íntimos, como no hayamos experimentado jamás.

Hace poco tiempo alguien me dijo: «Al amor no esperes sentirlo en el estómago; el amor, el verdadero, ese que será el que has estado esperando, no lo sentirás en ninguna parte del cuerpo, por la simple razón de que cuando estés finalmente frente a él, lo que te hará sentir, simplemente será calma, será paz».

Y aquí estoy, dispuesta a recibirlo, sin miedo, sin prejuicios, sin dudas ni miramientos; estoy aquí, queriendo sentir esa paz…

Estoy aquí, entera para él y esperando que él llegue finalmente, entero para mí.

Por: Laura Calderón