Siete días esperando a que salieras

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Duraste siete días encerrado y esos siete días los pase sentada en el jardín, viendo frente al lugar donde yo creía que me veías. Tu ausencia se convertía en mi desesperación, en mi frustración, era cierto que ya no estábamos juntos, pero siempre respondías a mis llamadas, a mis mensajes, a mis visitas, pero esta vez era diferente. No podía visitarte, no podía llamarte, no podía decirte lo triste y sola que estaba sin ti.

Llego el día de tu salida, quise dejarte descansar, quise que tuvieras un sueño tranquilo, sin miedo de seguir ahí dentro. Te llamé para poder verte pero estabas renuente a que nos encontráramos, te lo pedí, te dije que era una injusticia pues yo te estuve esperando y lo único que quería era verte, era ver esa sonrisa deslumbrante, era abrazar tu flaco cuerpo, era olerte y escucharte. 

Accediste a regañadientes, nos citamos y nos vimos, me pregunté: ¿por qué no querías verme?, si cuando me viste me abrazaste y lloraste, lloraste y lloraste, oliste mi cabello, tomaste mi cintura fuertemente y seguiste llorando.  

No quisiste darme detalles, sólo me dijiste que haber estado ahí te había cambiado la vida, que me habías extrañado como nunca, que todas las noches habías tenido miedo.

Nos besamos y abrazamos, nos dijimos te amo y te extraño, nos acariciamos y nos callábamos, pero habías perdido algo en tus ojos, ese brillo cariñoso lo habías perdido, ahora tu mirada era fría y extraviada. Tu gesto era duro y expresaba la repulsión de algo, esperaba me dijeras que te había pasado, pero sólo me besabas.

La noche había llegado y tenías que ir a descansar, todo el mundo te llamaba y quería hablar contigo, querían un poco de ti, me dijiste: ¡ya me voy!, gracias por todo y sabes que te amo demasiado, sabes que eres muy importante y por eso me voy.

Yo esperaba un reencuentro más emotivo y tú también, pero entonces ¿qué te había cambiado ahí dentro?, otros días no me lo hubieras pedido, lo hubieras tomado, acaso habías perdido la confianza. ¿Qué más perdiste? ¿Tus sueños, tu voluntad, la esperanza, el motivo por el que luchabas?

Te pusiste la ropa y la acomodaste, te pusiste los zapatos y me pediste que te encaminara, me diste un beso en la frente y me dijiste: ¡Pero… Por lo que pasó no creas que quiero regresar contigo eh!