Si es que regresas alguna vez…

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Cuando todo comenzó y éramos unos novatos en esto del amor, nos prometimos muchas cosas. Prometimos luchar cada día, prometimos que no dejaríamos de amarnos, prometimos que pasara lo que pasara y si llegábamos a separarnos… nos buscaríamos algún día, con los sueños en las manos y listos para comenzar de nuevo.

El tiempo pasó y nosotros cambiamos. Cometimos errores. Llego un punto en que nos conocíamos tan bien, que eso mismo nos confundió y nos convertimos en extraños. Echaba vistazos al pasado para recontar los errores, lo sé, era mi peor manía… y ahora que mi manera de mirar las cosas es distinta, no entiendo como pude pasar tanto tiempo rememorando heridas pasadas.

Fueron cientos de días creyendo que nada destruiría los nuestro, y terminamos por destruirlo nosotros mismos. Me heriste tanto que cerré mi corazón para ti, y ante este acto, y con mis también múltiples errores, optaste por hacer lo mismo. Así nos encontramos de frente, cada uno tras el escudo que había construido… dos extraños en una batalla de quién había sido el que rompió primero las ilusiones del otro, quién había sido el que insistió y sufrió más, quién era el culpable de que esas promesas futuras quedaran huérfanas.

Cuando me di cuenta de los destrozos a mí alrededor, destrozos donde antes había sueños delicadamente estructurados, fue una bofetada de realidad. Intenté detenerte pero ya era tarde… ya no había »nada por hacer», o eso dijiste… y te marchaste.

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A veces me pregunto si aún recuerdas las ilusiones o si me piensas antes de dormir. A veces me pregunto si al escuchar alguna canción tu corazón se estruja, o si al encontrarte con algún recuerdo mío en tu desordenada habitación, la garganta no te vacila.

Te fuiste. No volteaste a verme esta vez… te fuiste seguro y decidido. Yo dije tantas veces que me iría pero nunca lo hice, tú nunca lo dijiste y lo hiciste. He ahí la gran diferencia entre el dicho y el hecho, y en el hecho quedé destrozada.

Realmente me dejaste sorprendida, jamás esperé que te fueras… que huyeras a brazos de alguien más. Creo que me dije tantas veces que era fuerte, que olvidé serlo realmente.

Y siempre taladrará en mi mente la duda de si tú… ¿Recuerdas las promesas? porque yo sí, todas y cada una.

Si las recuerdas, espero que lo que dijiste haya sido un impulso de egolatría. Espero que en el momento en que dijiste que todo había acabado, muy en el fondo supieras que mentías.

Las cosas no se pueden forzar, mucho menos los sentimientos, y sé que esta situación hubiera acabado matándonos a los dos si continuaba así. Fuiste un valiente por ponerle fin a una tan larga historia, fuiste un valiente y yo no… porque aun cuando sabía que era el fin, yo me negaba a aceptar un adiós. Y  también sé que cuando prometí amarte siempre, no mentía. Aun cuando mi amor llegue a creer que está muerto, sé que más bien estará dormido. Y espero el tuyo también.

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Si es que regresas algún día, espero que me encuentres fuerte y vencedora. Espero que quedes admirado ante lo mucho que pude lograr por mí misma. Si es que regresas, espero ya haberme enamorado unas cuantas veces más, y esta vez, ya estar muy segura de lo que quiero para mí. Si es que regresas, espero que me encuentres feliz, plena, exitosa; y al mismo tiempo, espero que si alguna vez regresas, al mirarme a los ojos, sepas que sigo siendo aquella chiquilla que te amaba como una loca.

Espero para ese entonces que el amor que siento por ti despierte y no se quede en coma. Espero para entonces estar preparada para, por fin, darte lo mejor de mí. Si es que regresas, espero que sea porque también te sientes listo.

No sé aún si para ti de verdad esto ya acabó, no sé si crees que aquellas promesas fueron cosas dichas por sólo unos niños. No lo sé. Sólo espero que regreses alguna vez. Y espero que lo hagas a tiempo.

Porque puede que regreses con ganas de cumplir esas promesas, pero también puede ser que cuando lo hagas, descubras que me he ido por esperar tanto y jamás verte llegar.

Si es que regresas alguna vez, deseo con TODO mi corazón, que no sea muy tarde… no otra vez.

 

Escrito por: Mayeli Tellez