Septiembre

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No quiero que termine la sensación de verano eterno que abriga mi alma, aunque sea septiembre y cada vez la oscuridad tenga más protagonismo.

Porque, al menos hasta ahora, podría decirte que ha sido uno de los mejores veranos de mi vida. Por muchas cosas, aunque también he tenido momentos muy malos, pero eso ya no importa. También te he tenido a ti a mi lado y se que al día de hoy soy más fuerte por eso. Y que de ti he aprendido a no obsesionarme tanto con los problemas y dejar un poco que todo siga el curso que tiene que seguir, aunque a veces me cueste mucho y me vuelva un poco loca intentar dejarlo todo atrás.

Que no se me da bien dejar nada al azar, me como mucho la cabeza, pienso demasiado las cosas, y eso no siempre es bueno. Contigo estoy empezando a relajarme y me gusta esa sensación, porque hace mucho que no la tenía.

Hace mucho que no tenía nada como lo que tengo contigo (te diría que nunca, pero nunca ya entra en ese hace mucho). Es bonito pero a la vez asusta porque de repente me doy cuenta de lo frágil que soy y de lo fácil que sería ahora mismo que volviese a pasarlo mal.

Aunque luego lo pienso y aparco esos pensamientos porque como ya he dicho, quiero que las cosas sigan su curso y confiar en que nada va a salir mal. Sé que siempre no va a ser todo de color de rosa, porque eso a parte de imposible es aburrido. Habrá drama, porque siempre lo hay, pero quiero que sea controlado, que se supere con facilidad, que no me haga perder mil horas de sueño.

Quiero poder abrazarte sin miedos, justo como lo haría ahora, pero no sólo hoy. Porque si quiero, lo hago de verdad.

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