El reencuentro…

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El ambiente del lugar estaba plagado de misticismo y música a todo volumen.

El interior del antro, iluminado por luces de colores, guardaba a jóvenes adultos de todo tipo, algunos más ebrios que otros, otros con mejores pasos que unos.

La melodía electrónica envolvía a todos, así como el olor a tabaco y alcohol. Era viernes en la noche y todo mundo quería salir a divertirse un rato, entre ellos, el tonto de mi mejor amigo y yo, Clio.

Robin era un mujeriego sin remedio intentando hacer que  consiguiera a alguna chica en aquél lugar.

-Hey Clio, ¿Ya le echaste el ojo a alguna damita por aquí? yo he visto varias que quizá te interesen- sostuvo un vaso con Vodka y me lo pasó.

Al entrar al antro, solo me percaté de una cosa: Ese no era un lugar para mí, me puse las mejores prendas que tenía en mi ropero, tomé el perfume que tanto le gustaba a ella y Dios, hasta oré para encontrarla aquí, en medio de la nada y del todo al mismo tiempo.

-Aún no encuentro lo que busco, Robin, y sí llegase a encontrarlo quiero estar sobrio- Dije mientras olía ese vaso con más Vodka que jugo. -Y esto de quererme embriagar en el primer vaso no creo que funcione, ja!- Al mismo tiempo le di un sorbo, Robin no dejaría de molestarme si no lo hacía.
—Por dios, ¿A quien rayos esperas encontrar aquí?.— palmeó mi espalda y me sonrió, esperando que no fuera tan selectivo y me dejara llevar por la atmósfera. — Ya te dije que hay miles de nenas que matarían por estar contigo, mira cómo pasan junto a ti haciendo cosas para que las mires mientras parece que tú las ignoras — me reprochó.

De entre todas las personas que bailaban entusiasmadas busqué un rostro en particular. Sabía que lo que estaba haciendo era una total tontería, había pasado tiempo y quizá él no me reconocería. El cabello largo y rizado que llevo no se parecía nada a aquél embrollo de nudos que tenía antes y mis ojos pardo ya no eran ocultados por esos estúpidos lentes. De cualquier manera, encontrarlo en la misma ciudad después de perderle la pista iba a ser una tarea titánica, a menos de que el destino me ayudara.

— Bueno, hagamos esto Robin, deja de intentar emborracharme y nos iremos a la pista de baile para que TÚ te consigas tu damisela- Sabía esas palabras harían qué él se concentrará en buscar una chica. -¡Mira! Esa chica no te quita los ojos de encima desde que llegamos, y vaya que no está de mal gusto- Esa pequeña distracción nos hizo entrar directamente a la pista y olvidar ese vaso con olor a alcohol del grado 96. Vaya que si llegaba borracho de nuevo la tendría bien armada con mi padre.

Me sentía observado por todo el mundo, pero sabía qué el mundo me ignoraba por completo, todos se veían en un éxtasis infinito. -Eh, Robin, ¿tendrás un cigarrillo?- Le pregunté mientras palpaba sus bolsillos para encontrar la cajetilla. -Siento un hormigueo en todo el cuerpo y ocupo relajarme- Al momento que prendí el cigarrillo sentía más observado, sentimiento que se desvaneció en la primera fumada.
-Más vale que no te los acabes viejo, o ya verás, tu serás quien compre la siguiente cajetilla- Notó a la chica que había mencionado y se acercó a ella, despidiéndose de mí con la mano y perdiéndose entre la multitud para coquetear y quien sabe, llegar a «segunda base» con ella.

Estaba claro que ya no debía estar ahí, mi mejor amiga se ha largado dejándome en medio de un par de ebrios que solo quieren… Todo mundo sabe qué cosa. Me levanté del asiento y fui a conseguir una copa de ron. El barmen parecía muy joven y me resultó bastante familiar, pero no compartimos nada excepto la bebida y el dinero correspondiente de esta. No estaba interesada en nadie más. Noté sin embargo, que los hombres que había dejado atrás me seguían. Esperé para ver que es lo que querían y supe después, cuando uno me tomó con fuerza del brazo, que fue una mala idea. Patee su entrepierna y corrí para alejarme de ellos, pero me topé con un chico que fumaba casi en medio de la pista y caí al suelo por la fuerza.

Mi cigarrillo fue el primer pensamiento egoísta que salió de mi cabeza. -¿Estás bien?- le pregunté mientras le ayudaba a levantarse, observé su cuerpo y rostro al mismo tiempo en busca de alguna quemadura. -¿De quién huyes?- Le pregunté mientras se quitaba el cabello de la cara. Ahí fue donde el tiempo pareció detenerse, ahí fue en donde recordé ese momento en el que ella se despidió de mí en ese mensaje de texto, ahí fue en donde me pregunté si en verdad quería encontrarme con ella. Sin embargo, sentí una felicidad inmensa ante todo, aunque estaba nervioso como un niño en su primer día de clase.

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-Estoy bien, realmente no me pasó nada… -mentí sin hacer contacto visual. No quería mirarlo, había sido tan estúpido y vergonzoso chocar con él, sabiendo que había tantas personas ahí y que era peligroso correr. No lo vi, pero noté que tenía una voz masculina encantadora. Sonaba amable. Tras la segunda pregunta caí en cuenta de que ya no me seguían.- De nadie , perdón por empujarte-

-¿Eso quiere decir que le tiras su cigarrillo a cualquier persona porque sí?- Le dije mientras se me escapaba una risa lela. -¿O esa es tu forma de bailar? Corriendo como venado asustado- Al fin se me escapó una risa entre dientes. -¿O será que ya estás ebria y no puedes mantenerte en pie? En ese caso yo invito la siguiente copa para que no seas la única que se divierte aquí- Solté una risa sin disimulo alguno.

Después de sus tres preguntas un poco acusatorias y su risa burlona que me pareció un poco molesta me hice la digna y lo miré a los ojos de golpe.—¿Y esa es tu manera de coquetear o así de tonto eres para mantener una conversación sensata con una chica? — hice un gesto de falsa molestia y luego reí por lo tonta que yo también sonaba. —No estoy ebria y no creo que puedas…— Sus gesto me parecieron conocidos, ¿Era él? ¿Y si me equivocaba?…Bueno, podría preguntarle si era él, pero si lo era entonces él creería que no lo mantuve suficiente tiempo en mi memoria como para volver a recordar su rostro. Y si no era, entonces quedaría en una situación todavía más bochornosa, así que no me quedaba más que seguir la conversación hasta que él me recordara, si es que era él o hasta que me dijera su nombre. —No creo que una copa sea suficiente para ponerme borracha — completé la frase.

-¿Entonces qué es lo que tomas? Quiero saber que cosa te puso de esa manera para yo también estar en ambiente- La sujete del brazo suavemente y la llevé hacia la barra, mientras caminaba no podía dejar de mirarla, oh dios, cuánto había cambiado en ese tiempo. -Y no, esa no es mi forma de cotillear, tampoco creo que haya manera sensata de mantener una conversación con una chica que chocó contra mí de la nada- Quería decirle tantas cosas, pero aún no sabía si ella tenía el conocimiento de quien era. -¿entonces me vas a aceptar una copa o quieres que te pida un taxi?
—¿Estás diciendo que quieres que me vaya a casa? — pregunté al escuchar si me pedía un taxi. ¿Es acaso que no quería charlar conmigo sobre los viejos tiempos? Entonces… Definitivamente no era él, o ¿Sí?, suspiré hondo, no me quedaba alternativa más que continuar con esta locura. — De acuerdo, ¿Qué es lo que bebes? — miró las botellas por encima de la barra.

-No, pero a un lugar así es para divertirte en la pista, no en el suelo- le dije titubeando por esperar su reacción negativa. -Apenas he tomado un trago de vodka, pero prefiero un poco de whisky para estás situaciones fuera de lo normal, ¿y tú? – En ese momento añoraba un cigarrillo, estaba con los nervios hechos trizas pero estaba seguro que a ella aún le molestaba que yo fumara, aunque ella parecía no reconocerme yo sentía cierta calidez en sus palabras, siendo ella tan fría y directa, no podía esperar más en ese momento. -¡Ya sé!- grité mientras levantaba la mano para llamar la atención del barman -Quiero un whisky seco y para ella Ron con soda- Esperando que aún fuese su bebida de preferencia.

—Humm Creo que yo prefiero…— Me quedé callada mientras lo analizaba, o al menos eso trataba de hacer, él estaba tan nervioso que apenas mostraba otra cosa que no fuera ganas de correr. Mi corazón latió con fuerza cuando él hizo su pedido y luego el mio, eran las mismas bebidas, así que por mero impulso me arriesgue a apostar por el siguiente comentario en voz alta: —Así que aún recuerdas cual es mi bebida favorita, ¿No? — solté.

Una oleada sacudió mi corazón desesperada porque respondiera para saber si era él o tendría que retirar mi comentario y salir del lugar para no verlo nunca más. Aunque… Sí era él … ¿No era eso lo que tenía que hacer? Mi corazón latió tan fuerte que temí que él lo escuchara.

-Y tú, como siempre, estás en aprietos intentas aparentar que nada pasa- En ese instante recordé nuestra última vez juntos. Reaccione antes de que se diera cuenta que estaba pensando mucho las cosas. No quería sonar desesperado, mucho menos mostrar debilidad ante ella. -Entonces era cierto que estás de nuevo en la ciudad, dime ¿ésta vez te quedas? O tendré que acostumbrarme a tu ausencia- No podía dejar de pensar ¿qué me está pasando? Pensé, cuando me di cuenta yo ya estaba con la mirada clavada en sus ojos, sus bellos ojos.

Bingo, si era él. Rayos… —¿Yo intento escapar? Quizá si tu dejaras de sustituirme entonces yo podría estar a tu lado ¿No crees? — pregunté con un tono de reproche. ¿Qué me pasaba? No había regresado para restregarle sus errores del pasado, ni los míos. Negué con la cabeza. —No, ¿sabes qué? Olvídalo, es una locura, ni siquiera debimos vernos esta noche — Caminé con pesar hacia la salida, rogando que me siguiera, pero al mismo tiempo sintiendo que no sería buena idea. Lo extrañaba demasiado y estaba dispuesta a cometer una tontería.

No sé por cuál de todas las razones te has molestado, pero te daré una más, dije en mis pensamientos mientras la seguía con pasos de diferencia, al mismo tiempo saqué la cajetilla de cigarrillos y tomé uno con gracia. -¿A donde te diriges con tanta prisa? La noche es joven y no me has contestado mi pregunta, le has dado vuelta, como es usual de ti- Le seguía a pasó más calmado, mientras encendía mi cigarrillo atravesando la salida del antro, empujando gente para no perderle de vista. Ésta vez no se iría sin darme una razón diferente a las ya dichas. -¡Vamos, no seas así! – Dije con tono de arrogancia mientras soltaba el humo que me relajaba.

Cerré los ojos ante sus protestas. Otra vez me estaba rompiendo el corazón cada palabra que salía de su boca. —No soy así…— me giré y tiré su cigarrillo al suelo. Por alguna extraña razón logré llegar hasta afuera del lugar con él siguiéndome. No me había dado cuenta que estaba lloviendo a cantaros mientras estaba adentro, pero se sentía bien. Era reconfortante mojarse y la música ya no se escuchaba tan alta, eso nos permitía conversar de manera más fluida y como la atmósfera de baile y alcohol estaba atrás, nos permitía ser más sinceros.

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-Entonces, dime ¿Cómo eres?- Creo que nunca había visto llover con tanta intensidad, sentía un frío tremendo, apenas y tomé algo de alcohol para mantenerme caliente en ese momento. Apenas podía ver su rostro, aunque intentaba evitarlo, cada vez que le veía me volvía débil, sólo quería abrazarla y no dejar que se alejara más. Apenas y me pude percatar de mi cigarrillo mojado en el suelo, ya no lo necesitaba, me sentía tranquilo con ella afuera.

—No me conoces ahora Clio, soy diferente…— no quería que viera mis lágrimas, así que me llevé las manos al rostro y lo cubrí con ellas. Retrocedí un par de pasos con las manos ahí. El agua seguía cayendo y sin darme cuenta comencé a temblar por el frío. Tenía un gran nudo en la garganta, tan grande y difícil de deshacer, que por un segundo creí que no podría continuar hablando por esa noche.

– Layla…Nunca me permití conocerte a fondo, no he dicho que te conozco del todo- No quise acercarme más de lo suficiente, ella seguro pensaba que había estado tomando, pero de todas formas lo hice, tomé sus manos para quitarlas de su rostro, ahí estaba ese rostro que tanto extrañé, por el que tanto esperé. -Vamos, ¿qué es lo que te ha pasado? te ves muy bien, por cierto, vaya que físicamente has cambiado.

—¿Que me ha pasado? Mi mejor amiga me dejó sola en un antro que ni conozco en una ciudad que no he visitado en cinco años, más o menos — Me limpié la cara y traté de dedicarle una sonrisa al menos por el gesto de acercarse. Él seguía siendo un poco torpe, pero se sentía cálido. Me acerqué un poco, hasta que pude tocar con una mano su pecho. Levanté la mirada para verlo a los ojos y reparé lentamente en sus labios. ¿Me atrevería?…
-Ummmh, ya veo- No quise decir más de lo debido, dejé que todo fluir como debía ser, para este punto ya no quería controlar todo en mi vida. Quería tener algo inesperado. Cerré mis ojos y la tomé por la cintura, el frío había desaparecido por un instante cálido entre nuestros labios.

No supe por cuánto tiempo nuestros labios se juntaron, pero parece que se necesitaban, nosotros nos necesitábamos. Entreabrí mis labios para dejar pasar su lengua. Ambos intensificamos el beso, yo rodeé su cuello con mis brazos y en medio del ajetreo no supe más de mí.

Sus besos seguían hipnotizándome y ese aroma que consideraba único inundaba mis sentidos: una mezcla entre su colonia favorita y el humo del tabaco.