Recuerdos como una película…

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No sé cómo se empieza una carta a quien probablemente nunca la leerá, al menos así ha sido durante todos estos escritos a la nada; confieso que perdí la cuenta después del 465 esperando que volvieras para mostrarte cada uno de ellos pero no, por aquí no han pasado sino más que los días, a casi dos años de nuestro adiós, no conozco otro día que no sea Domingo o así me parecen todos o así es que he logrado sobrevivir.

Pienso que es Domingo, de esos días en lo que no me solías escribir, en los que no nos veíamos y de esa manera soy feliz hasta que el reloj me recuerda que ha llegado la media noche y aunque he obligado a mi mente a que olvide la secuencia de los días, insiste en que se aproxima el Lunes y todo pierde el sentido otra vez.

Cierro los ojos deseando no abrirlos nunca más pero comienza aquella desgastada película. Ahí está aquella chica insignificante amando a alguien de lejos por que en sus ojos vio algo hermoso que le hizo sentir algo que ni siquiera ella puede explicar, sin saber nada más, sólo lo que cree que le dijo su mirada, y luego el ahí, sin saber nada de ella, sin un poco de interés si quiera.

Ella es cobarde y se prohíbe pretender algo con él y luego esta él ahí, frente a ella, con un juego de palabras insignificante pero que a ella le hace temblar, luego una serie de días llenos de detalles, de cosas que parece que ella no olvidará. La película continúa y ellos parecen amarse, en su mirada hay complicidad, una serie de secretos, momentos y cosas que sólo ellos pueden entender; se toman de las manos entre las calles, ella se siente invencible y cuando alguno cae se sostienen entre sus brazos y la caída parece no doler, se miran a los ojos y hay un mundo sólo para ellos dos.

Entre miradas ella lo ve sonreír y piensa que esa sonrisa es el sol, que con ella alumbra sus días, él la recuesta en su pecho y ella escucha su corazón y piensa que es la música más hermosa que ha escuchado en todo su vida; ella tiembla y es de miedo pues no tiene motivos para dormir cuando la vida superó sus sueños.  

Él le cubre los miedos de besos, le dirá al oído que la vida es toda de ellos, de una casa juntos, de viajes, de sueños y metas;  luego ella como un niño pequeño irá recuperando la calma y él para limpiar por completo las lágrimas de su pequeña y temerosa niña, le prometerá unas cuantas eternidades. Ella le prometerá el infinito, dedicarán sus días a ser felices, los dos están dedicando sus vidas a verse sonreír; pero ella sigue teniendo miedo porque realmente con él se siente una niña, porque sabe que la vida es despiadada, que da y arrebata.

Ahora parece que la película está por acabar, durante todo el transcurso con los ojos cerrados, me he dicho una y otra vez que no soy yo aquella chica, que él no es él… Que no somos los protagonistas, parece que en verdad no somos los protagonistas y la película continúa…

recuerdos

Esta esa escena, un rincón dentro de aquel enorme lugar, uno frente al otro, ella con tristeza en los ojos y seguridad en las palabras, él con desconcierto y sin muchas palabras. Ella comienza a hablar, lo dice, parece que dejaron de conocerse, de tenerse devoción, que lo ama pero que no puede luchar por ambos, por alguien que no tiene idea de conocer, él acepta sus palabras, le dice te amo y ambos se van.

Comienzo a sentir un hueco en mi pecho y me repito desesperadamente que no soy dueña de esa película, me llevo las manos a los ojos y percibo humedad, algo escurre por mis mejillas, hasta llegar a mis labios; descubro que eres tú quien me escurre por los ojos, que sí, que somos nosotros y que aquella película no es más que todo mis recuerdos contigo.

Abro los ojos y siento aquel dolor en el pecho recordando cómo fue que dejé de vivir. Ahora sobrevivo así cada día, pensando en que prometimos la eternidad, en que nos volveremos a encontrar y que entonces ya no nos separaremos nunca más.

Recordaré para ambos cada momento nuestro. Sé que estás siendo feliz a pesar de que la vida ya fue dura contigo, sé que hemos cambiado tanto y de tantas formas, pero que en esencia somos los mismos y que ahora que me paso los días viviendo sin vivir he comprendido todo…

Perdón, no has sido sólo tú, te perdí mucho antes de dejarte ir, no sabes cuánto me ha mostrado el tiempo en qué me he equivocado y no puedo exigir nada más que verte feliz y si ya lo estas siendo, aun sin mí, no voy a contrariarte, seguiré intentando vivir aunque me duelas cada vez que cierro los ojos.

Aunque de vez en vez te me escurras por los ojos. Y aunque ya no compartamos el camino, el café, la vida…

Sé que en algún lugar del mundo te mantienes respirando y eso ya lo es todo para mí.