Recuérdame cuando beses otros labios…

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Te marchaste, no miraste hacia atrás, no viste mis lágrimas rodar. Prometiste siempre estar para mí, prometiste que jamás te alejarías… prometiste que tu amor sería para siempre. Y tan sólo porque las promesas venías de ti, olvidé que no debía creer jamás en ellas, porque como todo en esta vida, se van… y se fueron contigo.

Me pregunto a cada momento desde donde comenzó a marchar todo mal. ¿En qué momento nuestra luz se extinguía? ¿En qué momento me vi rodeada de oscuridad, y en medio de la nada solo escuchaba tus pasos cada vez más lejos? mis mejillas húmedas se enfriaron, mi cuerpo entero se estremeció. Sentí el fantasma de un grito atorado en mi garganta. Sentí tu nombre en la punta de la lengua, y sabía amargo… tan amargo como un café sin azúcar, como lo que sería mi vida sin ti.

No te culpo por querer marcharte, no te culpo por tener otras metas y nuevos sueños. Tampoco me culpo a mí por no ser parte de tus planes… quizá si a alguien debo echar la culpa es al tiempo, que marca pautas para el olvido, que se divierte disolviendo sentimientos y que se lleva los mejores momentos muy lejos de quienes los viven. Culpo al tiempo por no detenerse cuando más felices éramos, pero lo amaré cuando con su ayuda pueda anestesiar está aparente eterna melancolía.

Quiero guardar nuestros más hermosos recuerdos y rememorarlos sin que duela. Quiero desechar todas las noches y días en que sufría al saber que esto iba a a terminar, y quiero olvidar el momento en que todo al fin terminó. También quiero desahogarme completamente, llorar todo lo necesario hasta sentirme en paz, el tiempo que sea necesario, los días que sean necesarios.

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Y ahora que te has ido, por más que pueda desear que regreses, ya no mires atrás. Estoy consiente de que si esto acabó, fue por algo. Y aunque quisiera tenerte de nuevo a mi lado, sé que ya no será como antes. No quiero sentirme como me sentí estos últimos días, no quiero tenerte a mi lado y sentir una soledad inmensa. No quiero besar tus labios y que al abrir los ojos ya no me sonrías como antes. Te quiero a ti, pero sin duda no quiero más esa indiferencia que me mataba poco a poco.

Intento tomar esto con tranquilidad, aunque a veces me resulté imposible, aunque tire por momentos mi orgullo y te mande algún mensaje. Me ha costado entender que todo se esfumó y que nuestros sueños llorarán cuando descubran que se han perdido.

Todo lo que quiero que vuelva, nuestras ilusiones, nuestra risa despreocupada, el calor de nuestras manos entrelazadas, tu cabeza recargada en mi hombro, el amor que sería eterno… todo eso, se fue quedando estancado en los charcos de lodo que se formaban en el camino tras cada tormenta. Y en alguno de esos charcos ter perdí a ti, y peor aún, me perdí a mí misma.

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Ya no pediré que te quedes, al contrario, espero de corazón que puedas ser muy feliz. Yo jamás podría desear que te vaya mal, yo siempre esperaré que tu vida esté llena de alegrías y jamás te falte nada… aunque confieso que espero que en algún momento al cerrar los ojos, me recuerdes.

No deseo que no encuentres a alguien más, pero una parte de mi espera que jamás olvides nuestra historia y sonrías al recordar nuestras locuras, nuestras mentes jóvenes haciendo bromas a la vida. No olvides nuestras canciones, nuestros símbolos, los planes que juntos hicimos. No olvides cuando me amabas, no olvides cuando yo era todo lo que querías… simplemente no me olvides.

Y aunque quiero que vivas feliz, también deseo de alguna forma que al besar otros labios me recuerdes… y que la garganta se te anude al pensar en cuánto te amaba, y que esos otros labios nunca te amarán igual.

Gracias por todo, nuestra historia siempre vivirá en mi mente, en mí.

Por favor, de vez en cuando, piénsame.

 

Escrito por: Mayeli Tellez.