Recordar y ser feliz, pues nada es eterno

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Muchos no tenemos demasiados recuerdos sobre la infancia y es que, a pesar de que fue la mejor etapa de muchos a nuestra corta vida, a veces es como si no la hubiésemos vivido. Mis recuerdos son escasos, pero vagamente recuerdo tener una sonrisa mucho más sincera. Al igual que yo, muchos han tenido mascotas de pequeños y esos pequeños animalitos que son nuestros cómplices, nos enseñan que un animal no sólo es una mascota, cuando muere, es muy triste.

A pesar de su partida, en lugar de estar tristes deberíamos estar felices, por haber compartido tiempo a su lado. Porque los hemos cuidado y amado como sólo nuestro corazón y ellos podían sentirlo.  

Uso de ejemplo a una mascota, porque para muchos es una de las pérdidas más próximas que experimentamos durante nuestra corta infancia, a veces estas pérdidas van más allá de un compañero de aventuras y es entonces cuando nos vamos dado cuenta de que los «por siempre» no son eternos.

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“No tenemos futuro, porque nuestro presente es demasiado volátil. Sólo tenemos la administración del riesgo. La trama conformada por las posibilidades de cada momento”.

Cambiamos mucho a lo largo de los años. Poco a poco vamos abriendo los ojos a la realidad que vivimos y nos damos cuenta de que no es color de rosa, de que los príncipes, los castillos y los corceles blancos sólo son parte de cuentos fantásticos. En lo cotidiano de la vida nadie nos salva, todos estamos tan inmersos en nuestros asuntos que nos olvidamos del otro, nos olvidamos de tender una mano amiga y continuamos con nuestra rutina, ignorando lo real, porque lo real esta crudo y es cruel.

Deberíamos reír en la tristeza y llorar de alegría. Cada día que pasa se acorta nuestra vida; podemos ser tan intensos como el sol de invierno, tan fuertes como el viento de verano, tan dulces como las rimas de un poema, tan controversiales como cuerpo de un ensayo. Como las incógnitas de una ecuación, tenemos que encontrarnos para tener un posible resultado. Cualquier perdida, de cual quier tipo implica un proceso de duelo.

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Cuando la melancolía invade nuestra mente, las lágrimas brotan de nuestros ojos, empapando el rostro de sentimientos, el corazón se aligera; la carga emocional ya no pesa tanto. Desconfiamos tanto de las personas, pues nadie comparte nuestra pena, no es por que sean malos o no comprendan, pero el sentimiento no se puede comparar, pues ellos no están sintiendo como su pecho se contrae tanto que pareciera va a explotar.

Podemos ir en diferentes direcciones buscando siempre un camino, haciendo todo y nada a la vez. Yendo desde el sur, al oriente y en todas direcciones. Más allá de nuestro cuerpo material se encuentra un corazón, quizá roto, quizá ya suturado, pero con cicatrices; luchando por mantener encendida una llama que se quiere extinguir como la velita sobre un pastel que nadie quiere comer. No importa quién se marche primero, la vida sólo es una carrera en la que estamos corriendo, unos terminan la carrera antes que otros, pero finalmente todos llegamos a la meta, esa a la que llamamos muerte

Ésa que nos libera de todo, pero que hace sufrir a muchos.