Reconociéndome…

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¿Cuántas veces hemos ocultado un sentimiento por miedo al qué dirán de ti?, ¿Cuántas veces el llanto ha limpiado una vieja herida?, ¿Cuántas veces la rabia ha tenido la función de una acción?, ¿cuántas veces la desesperación te lleva a buscar un pacto con un dios? Hay momentos en los que quieres marcharte lejos de aquí, buscando la calma en una libertad que huye, en un ayer que ya no existe. Hoy busco redactar algo diferente, hoy quiero hablar más de mí, quiero descargar el infierno interno que me consume a fuego lento.

Hay veces en las que quieres escupir lo que por dentro te pudre, buscas una distancia que se asume, un sueño que se escapa, un vació que me recuerda que hay un camino que te lleva a una vida o una muerte.  Hay secretos que te guardas bajo llave, te miras al espejo y no comprendes por qué mientras más adulto todo se vuelve más complejo. A solas con un cuaderno, esperas un consejo cuando el resto te harta. A mi escritura me entrego. No quiero ser un don nadie, lucho por lo que quiero, la paciencia estalla cuando nada es predecible.

En cada precipicio, en cada mirada hacia el abismo y a pesar de las lágrimas, sigo mi camino sin darme por vencido, buscando un sentido. Nunca he sido un santo, la rutina me quiebra, deseo salir a caminar, respirar hondo a pesar de la fatiga.

Cargo maleteros de sentimientos que no me atrevo a compartir y expresar por miedo al qué dirán de mí. Después de tantas palabras tatuadas en mi boca, descubro que me enamoré de algunas cosas que dolían, he recorrido el olvido sin dejar de recordar. Hay veces en las que el ramo de ilusiones se marchita cuando saboteo el jardín con piedras, sucumbiendo ante la depresión provocando una crisis nerviosa.

Corrí en una tormenta entre mi ego y mis complejos, soportando un dolor incomprensible, una confusión imprescindible. En el silencio medito abriendo las puertas de una mente, buscando una nueva oportunidad, intentando recobrar la tranquilidad, dejando de ser duro con el del reflejo cuando estoy frente al espejo.

Acepto que las derrotas a veces le dan sentido a esta existencia rota, sigo siendo una diana perfecta, mi libertad es secreta, mi mente está siempre inquieta. La irracionalidad crea una catástrofe, la rabia es una epidemia que me enjaula, harto de distanciar lo conseguido gracias al trabajo duro. Presidario de lo perturbable, soy un diablo de alma buena que se deja llevar por la impulsividad de los fantasmas que lo rodean. Si vivir es sufrir, estoy viviendo. Mi mundo adulto no es tan paradisíaco, pues extiendo mis alas cada que tropiezo.

Tengo una virtud por cada mil defectos. Hoy reconozco que me he equivocado, este error me trajo un bajón humano de esos en los que las sombras alumbran lo iluminado. Tengo amigos a los que extraño, amigos a los que a pesar de tantos años, no les he mencionado lo que siento por ellos aún cuando miro ese álbum roto de destellos.

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Intento jugar sin importar el resultado, estando consciente de que debo de controlar mi ira, decir la verdad y hacerlo de la manera que menos duela. Aprendiendo a sonreír, ser neutral, tener empatía y callar cuando no sepa qué decir, no darle importancia a esas cosas que aparecen como fobias.

Hoy te pido perdón a ti, a esa persona que cree en mí aún cuando le he dado motivos insensatos para dejarme solo y fluir. Agradezco a los virtuosos que emplean su paciencia, respirando, mirándome a los ojos y extendiéndome su
amistosa mano.

El alma parece libre, las batallas me han hecho caer, suplicando un abrazo cuando no sé qué hacer, gritando tan alto que siento cómo se me acaba el aliento. Perdiendo la paz por ganar la guerra, atrapado en el dolor, me pierdo el respeto cuando el enemigo vuelve.

El dolor me trae recuerdos, un palpitar en el pecho me echa en cara que el ayer ya no existe, llorar es lo que me permite brotar mi rabia. El tiempo parece difícil, la distancia se asume, una mirada que se escapa, el vacío me pregunta en dónde están los míos.

La soledad me hace temblar, me hace retornar a los momentos en los que salté al vacío buscando una transformación que tanto me costo y parece que me ahogó en el río.

Soy un poeta, soñador del sentido absurdo, perdonando al que escribe, al que se encierra en la soberbia que creyó enterrar algún día. Tantos años invirtiendo, entiendo que no poseo la verdad aunque la persigo, puede que mi vida sea una mentira y algún día dejará de serlo.

Agito el pensamiento mientras derramo profecías. No es anecdótico, paso de todo este disparate y asumo el drama de mis acciones haciendo un ejercicio mental, tomando decisiones que buscan libertad tras las tinieblas.

Hoy soy el hombre que siempre estuvo ahí, no pienso quedarme esperando el actuar de la bandera de la gratitud. Asumo la responsabilidad sin ningún quejido. Voy a estar solo, sintiendo el frío, harto de fingir excusas, desarmando mi sentimiento pésimo.

Con mi escritura estoy de luto, intentando vencer lo que cambia mi estado de ánimo.

Hoy no queda rabia, sólo pena.