Proceso de transición

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He trabajado mucho estos últimos meses en mi persona, en la percepción que tengo (o tenía) de mí misma, he hecho buenos descubrimientos, he podido darme cuenta de lo cruel que he sido conmigo la mayor parte de mi vida y me lamento mucho por ello. 

Mi estado anímico en los últimos meses ha sido una montaña rusa emocional. A veces estoy muy bien, a veces sólo bien, en ocasiones mal y en otras (que por fortuna ya son cada vez menos) me siento muy mal.

Ayer me enfrenté a una prueba, lo volví a ver después de un tiempo considerable. Nuevamente me enfrenté al hecho de no saber cómo reaccionar. Por un lado, mi corazón (tonto corazón), no pudo evitar acelerar sus latidos, no pudo evitar emocionarse como antes, como cada vez que lo veía. Por otro lado, sentí que algo dentro de mí se desmoronaba y la herida comenzaba a sangrar de nuevo.

Somos tan complejos y complicados los seres humanos. Nadie nos enseña la mejor manera de lidiar con las cosas que nos lastiman, debería existir un manual o algo similar que nos pudiera dar luz en este proceso. Yo sigo lamentándome por algo que sé que ya no volverá a ser y en mi interior se desatan unas luchas terribles de sentimientos encontrados. A veces siento que lo odio, que lo odio muchísimo y le deseo lo peor del mundo, pero al instante siguiente me arrepiento de mis pensamientos y pido perdón a Dios por pensar eso.

Mis amigos insisten diciéndome que todo eso es normal, que es parte de un proceso y que el dolor que siento es lo que me hace manifestar toda esa ira, ese rencor hacia él, hacia “ella”. Es lamentable sentir decepción de verlo tan irreconocible, cada vez más inmerso en todas esas exigencias y protocolos que antes decía repudiar, cosas en las que dijo que nunca caería y en lo que se ha ido envolviendo poco a poco, porque según su parecer, es lo que “la ley de la vida dicta”… Finalmente creo que terminará haciendo todo eso que dijo que no haría, pero que para los demás, para la sociedad es «lo correcto», aunque por dentro tal vez no se sienta del todo realizado, completo o feliz.

Haciendo una introspección, me siento mal por muchas cosas, es realmente amargo el sabor de la decepción, ¡y vaya que pesa y duele! Por mi mente no dejan de rondar miles de preguntas que él jamás contestó, explicaciones que jamás dio, quiero pensar que por vergüenza y no por lástima, no estoy para darle lástima a nadie. Aunque, ahora soy consciente que, en su momento, yo misma llegué a sentir lástima de mí.

Mi cerebro me pide que deje de torturarme, que deje de lacerarme, que mi corazón ya está bastante dañado como para echarle más podredumbre con tanto pensamiento negativo que no me llevará a ningún lado… Finalmente, todo pasa tarde o temprano; la justicia existe y todo en esta vida tiene sus consecuencias tanto positivas como negativas. Él sabe por qué hizo las cosas de la manera en que las hizo, él sabe por qué la eligió a “ella”. A mí sólo me queda esperar que ese Dios en el que creo me dé consuelo y dejar que las cosas tomen su curso, esperar a que las aguas tomen su cauce y se tranquilicen.

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Una prueba más, fue haber visto las imágenes del ultrasonido de su hijo. Tuve sentimientos encontrados; me dio gusto por él y al mismo tiempo, sentí una punzada en el corazón, y no por coraje, sino porque con ello retomé la conciencia de que yo nunca podré saber qué se siente eso. Yo nunca podré saber lo que es sentir una vida latir y crecer dentro de ti.

Tuve el valor de preguntarle cómo o qué sentía y tampoco me respondió, pero sé que debe sentirse feliz de saber que finalmente lo que yo nunca pude darle, está ahí, en una fotografía, en un espacio dentro de la mujer que él eligió para compartir su vida, la mujer que amará como nunca el día en que ese niño nazca. Sé bien que, a partir de ese momento, yo muy probablemente ya no alcanzaré a ser ni siquiera un recuerdo para él.

No puedo evitar imaginar lo felices que deben estar en su familia y los parabienes que deben recibir él y “ella” por ese nuevo integrante de la familia. Imagino lo orgulloso que debe sentirse al mostrarle a sus familiares y amigos la foto de su hijo, de su bebé, de su descendiente… De su «junior» como solía llamarle cuando nosotros hacíamos planes al respecto.

En algún instante, mientras miraba a su hijo en esa serie de imágenes poco nítidas, quise pedirle disculpas por haberle hecho perder tantos años de su vida sin darle lo que él tanto anhelaba, pero me contuve porque he aprendido a no culparme por cosas que no están en mis manos y además, no le pude dar un hijo, pero le di lo mejor de mí cada uno de los días que estuvo conmigo y eso él lo sabe perfectamente bien.

1932

En este momento, mientras escribo esto, no sé cómo hice en esos momentos para ser fuerte y aguantar, no sé cómo hice para no llorar, de cualquier manera, llorar ¿para qué? nada cambia las cosas, nada cambia los hechos, nada cambia sus decisiones y sobre todo, nada enmienda mi dolor, este maldito dolor que, aunque es más llevadero que antes, no sé cuándo podrá desaparecer del todo.

Cuando él se fue, me di la vuelta, sonreí, di gracias a Dios y mentalmente me di un gran aplauso por haber sabido manejar serenamente todo ese cúmulo de emociones que en otro momento no habría podido.

No es que me sea indiferente, de ser así no me habría sentido durante el resto del día con una carga muy pesada en los hombros y tampoco hubiera resurgido en mi mente esa comparación absurda con esa mujer. No pude evitar nuevamente sentir cierto dejo de envidia hacia “ella”, la mujer que alguna vez le hizo mucho daño (porque él así me lo dijo), pero que, aun así, logró ganarse su amor y que, sin saberlo, me ha hecho pensar que es mejor que yo en muchos sentidos puesto que ha podido ser trascendental en cuestión de meses, ella, la SEÑORA ante el mundo y la sociedad.

Yo viví muchos años a la sombra, de mí sólo supieron algunas personas, pero nunca pasé una festividad importante en su casa, nunca conviví con su familia y no me importaba, me bastaba con que él me quisiera; en el fondo creo que sólo trataba de convencerme a mí misma de que era su forma de querer, quería convencerme que algún día decidiría pasar a ese nivel, no sé si pequé de inocente o tonta, creo que lo segundo es lo más aplicable en mi caso. Hice mucho, aguanté mucho, pasé por mucho ¿y para qué?, lo único que obtuve al final, fue una patada en el trasero y todo el amor que le tengo, envuelto en un rollito.

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Me fue muy difícil aceptar y asimilar que ella le dio y seguirá dando cosas que yo no pude ni podré, hijos, sobre todo. Sin embargo, estoy en ese proceso y lo lograré…confío en mí, debo confiar en mí. No tengo necesidad de envidiar a alguien que no me conoce, y que además, está siendo utilizada como un medio para lograr un objetivo. No tengo que envidiarle nada a alguien que solo ha sabido causar dolor en mí y despertar los sentimientos más obscuros. No volveré a desear ser como ella. Yo soy yo, y llegará el día en que alguien sepa valorarme por esa razón… Por ser auténtica, sé que algún día alguien podrá quererme completamente, con mis defectos incluidos.

Me doy la libertad de sentir rencor, odio, repudio, tristeza, coraje, ira, melancolía y todo lo que he llegado a sentir, y me doy la libertad de hacerlo porque, antes que todo, soy un ser humano y también tengo derecho a equivocarme.

Llegará el día en que supere del todo este trago amargo y tenga la capacidad de ver fríamente las cosas, llegará un día, que será cualquier día, en que vuelva a leer esto y tal vez me reiré y pensaré «te he superado y me he liberado de mis fantasmas»… Será entonces cuando sabré que todo mi dolor habrá pasado a formar parte del baúl de las experiencias que dejan huellas y cicatrices…

Pero que nos enseñan a valorarnos y a fortalecernos.


2 COMENTARIOS

  1. Hola Eva, agradezco el comentario. Yo también he leído mucho sobre desamor, pero realmente nunca se puede entender todo el proceso de duelo que se vive hasta que se experimenta realmente. Me alegra que te haya gustado, eso me hace saber que, además de servirme de desahogo, alguien más puede llegar a empatizar o quizá identificarse con lo escrito. Sí fue escrito desde el fondo de mi corazón, no en el momento preciso en que atravesaba por esa crisis, pero sí un año después, cuando ya soy capaz de ver las cosas con una mejor perspectiva.
    Saludos y nuevamente gracias.