Porque sí te puedes casar con tu mejor amigo…

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Necesito algo de emoción.

La euforia del final del curso estaba concluyendo, todos los graduados en ingeniería fingiendo estar en el inicio de un maratón con el objetivo a la vista, pero estábamos perdidos no sabíamos por dónde empezar, no sabíamos dónde buscar y mucho menos podíamos pedir ayuda, el ego del ingeniero esta sobre muchos egos, por lo tanto no podemos decir que nos hace falta o que miedo tenemos.

Para esto, yo siempre he tomado las cosas a la ligera, no me causaba ningún complejo reconocer que estaba perdida, es una manera en la que te haces menos daño, una forma en la que dejas de tomarte las cosas de modo personal y te enojas menos o te frustras menos y el resultado de que te enojes poco es de que tienes muchos amigos, sin embargo, no era mi caso como ya había dicho antes amigas no tenía y amigos tampoco, sólo él mi mejor amigo.

Todos estaban en proceso de contrataciones y buscando la mejor oferta, yo sólo miraba pensando en qué iba a hacer yo, para mi buena suerte tuve una oportunidad, no era el mejor trabajo ni el más pagado pero lo ofertaron y yo sin pensarlo dos veces lo acepté. Pero, con quien podría festejar ese primer paso, cabe comentar que seguía estando con mi novio, pero era como no estarlo o por lo menos eso deseaba, definitivamente una persona que manipula y amenaza no es una buena compañía, pero las amenazas causan temor y el temor es la principal fuente de la inseguridad, por lo tanto yo era insegura.

Estar en mi nuevo empleo me causaba una gran satisfacción, las responsabilidades de ser estudiante cambiaron a las de un profesionista que coopera con los gastos del hogar, yo lo hacía muy gustosa no sin antes apartar lo que correspondía para salir de fiesta el viernes y el sábado, por lo menos el viernes, el sábado lo ocupaba para lavar la ropa y planchar.

Sin embargo tenía ese lastre que no me dejaba en paz, busqué una y diez formas de alejarlo de mí, creo que la onceaba fue la que funcionó, ahora era felizmente soltera, recién egresada y con trabajo ya lo tenía todo, pero había algo que no me dejaba concentrar y eran las llamadas de mi extrañado mejor amigo, una vez por semana, eran esas llamadas que se prolongaban hasta tres horas, hablando de su trabajo, del mío, de su familia de la mía, de su horrible novia con la cual acababa de regresar y de mi soltería, así una vez por semana después de cenar.

El tiempo había trascurrido, mi vida estaba en un plano del cual no veía nada que le diera emoción, no había ningún prospecto para compartir mis quincenas y eso me aburría, tener que buscar a algún amigo o amiga que quisiera salir conmigo a echar el trago o buscar el grupo de conocidos que me invitaran a una fiesta el fin de semana, eso me estaba causando depresión.

Entonces un día sin más ni más, me invitó a tomar una cerveza, fue algo sorprendente para mí, pues a raíz de que había regresado con su ex novia, me había puesto a un lado, estaba trabajando en su relación y eso significaba que se alejara de mí, pues a su novia le causaban unos celos terribles que saliera conmigo y eso además de causarme tristeza, me causaba una furia terrible, pero era algo que yo debía respetar; es por eso que la invitación que me realizo me causó extrañeza, pero más que extrañeza me causo emoción.