Porque sí te puedes casar con tu mejor amigo. «El viaje de graduación»

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Como toda pre-fiesta de graduados universitarios de la capital, nos fuimos a Acapulco con una tina llena de cervezas dentro del camión, es el Spring Braker de los mexicanos de clase media, todo pagado gracias a la venta de boletos que hicimos a los familiares para la fiesta de graduación.

Todos los compañeros de generación, echando porras y cantando las canciones de moda, llegamos en la tarde directo a hospedarnos, justo en la piscina estaba la fiesta de una Universidad de paga, los ingenieros frente a las chicas de universidad privada se vuelven locos, así estaban todos. Sólo tuvimos tiempo de quitarnos los tenis y ponernos sandalias, las chicas corrieron a ponerse sus minifaldas y presumir su esbelta figura, muchos descubrieron los atributos de las más reservadas.

Por la mínima población estudiantil de género femenino que hay en una carrera de ingeniería, es de suponer que yo no tenía amigas, solo un novio hiper celoso y sus amigos que estaban muy emocionados ligando con las universitarias, entonces para variar un poco en la relación mi novio se enojó, me quede sola tomando un trago de vodka en un vaso rojo, observando como todos disfrutaban de esa libertad, menos yo.

Entonces mi mejor amigo se acercó, debo reiterar que había hecho mucho ejercicio a raíz de que su ex novia lo había terminado, me miro y me desnudo con la mirada, yo bromeando le dije: ¡Hey devuélveme el traje de baño!, se sonrojo pues le había cachado la forma de mirarme, entonces me pregunto ¿y tú galán?, yo respondí: no sé, se enojó y se fue.

Me hizo una propuesta a la cual yo no podía decirle que no, me quería llevar al antro del momento, a ver un grupo de merengue que estaba sonando durísimo en la capital, él me invitaba todo, la entrada, las bebidas y lo que yo quisiera, me propuso quedarme en su habitación sobraba un lugar…¡en su cama!. Me dio mucha risa lo vivaz que había sido su propuesta, pero le dije que no podía sería muy mal visto que me fuera con mi amigo y dejara a mi “galán”. Él insistió un poco más, pero sus amigos ansiosos por ir a bailar merengue le gritaban a lo lejos que ya se fueran.

Me advirtió que era la última vez que me rogaba para ir a ese lugar, yo respondí titubeando la contestación pero está era irrefutable, no iría. Me quedaría en la piscina a esperar que se le bajara el coraje a mi novio y fuera a buscarme para regresar al hotel, debíamos tomar un baño para poder ir a un club nocturno, finalmente a eso se va a Acapulco, a disfrutar la noche, a beber hasta que se acabe la barra libre o que quedes inconsciente. Yo hice lo primero, coqueteé con un cubano aunque mi novio se enojara, de todos modos siempre se enojaba.

El viaje termino, todos de regreso con la cruda del alcohol y muchos otros con la cruda moral, advirtieron en el camino dentro del camión que lo que había pasado en Acapulco se quedaba en Acapulco, creo que él sí disfrutó el viaje, todos lo codeaban sorprendidos de historias que les contaba sin que yo me atreviera a preguntar, lo vi que me miraba tal vez pensando en que esa noche pudimos haber estado él y yo, no él y no se quién más.