¿Por qué él?

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He pasado muchas etapas en mi vida, creo que como todos, he sido rebelde y obstinada, he sido cruel y mal intencionada, pero así también he sido engañada, he sido noble, valiente y admirada.

A pesar de todo esto, nunca pertenecí realmente a ningún lado, nunca encajé con los estereotipos, no era lo suficientemente linda ni lo suficientemente ruda, era algo que se quedaba en medio, algo que no se adhería a nada ni a nadie.

Y así pasé cambiando de escuela, de amigos, de trabajo, de religión y hasta de estado; no generaba apegos, sólo quería a la gente, pero como se quiere a una puesta de sol, sabiendo que no es eterna, que quizás mañana llueva o incluso quizás ya no despierte. Todo era fácil, ligero o al menos eso pretendía serlo.

En realidad me acostumbré a ser la chica rara, debo admitir que me trajo cosas buenas, pocos pero muy pocos buenos amigos, que no sólo son amigos para mí, son familia, aunque trajo consigo también varias dudas, si realmente pertenecía algo, a alguien en algún momento; pero la vida pasa y uno va perdiendo el entusiasmo en muchas cosas, estaba tranquila, pero así también ya estaba acostumbrada a no apegarme, a ser sólo algo de momento, nada para siempre.

Y aquí entra él… ¿Y por qué él? Me siguen preguntando, me gustaría que fuera tan fácil explicarlo como me fue perderme en su sonrisa, no puedo decir que somos iguales eso sería un idealismo, una ilusión.

Estoy plenamente consciente que somos diferentes, que jamás seremos el mismo modelo, he ahí el que me complemente; jamás intentó impresionarme con lujos o dinero y fue cuando entendí que no esperaba comprarme, tampoco hablaba mal de las demás personas para quedar bien, ahí supe que era un ser íntegro, y de ninguna manera se siente superior a nadie, él sabe que es un alienado, así como yo.

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Eso fue… Entre su rareza y la mía, encontré el lugar a donde pertenecía, no somos dos egos infantiles buscando ser mejor uno que otro, encontramos nuestro lugar en el mundo al ser dos consciencias libres e imperfectas que llaman hogar no a una casa, sino a un mismo corazón; que llaman felicidad no a poseer, sino a disfrutar.

Y así fue como es que ni él me eligió a mí ni yo lo elegí a él, el amor nos eligió, nos renovó y nos transforma día a día en una mejor versión de nosotros mismos, de la mano…

Encontrando nuestro lugar en este mundo, juntos para siempre.