Perdóname

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Nunca es tarde para llegar a tiempo con un perdón en la boca. Y en un día como estos, creo que estoy preparada para disculparme por todo aquello que he hecho, de lo que me arrepiento muchísimo hoy en día.

Lo siento por la primera vez que te dije te quiero. Había muchas cosas en mi cabeza y una de ellas era esa palabra malsonante que siempre sale de nuestras bocas sin pensar en qué momento ni en qué situación hay que decirlas. Realmente no estamos capacitados para entender lo que ocupa esa pequeña frase. Ocupa un puto mundo, ocupa toda una persona, lo ocupa todo, sin dejarse nada en el camino.

Lo siento por todo aquel  tiempo que te di y que desgraciadamente no volverá. De esas noches en vela y de esas lágrimas que se desvanecen en la inmensa oscuridad de mi habitación. De esos gritos de silencio a la almohada, de pesar que habías cambiado.

Mentiras como balas, apretabas el gatillo y disparabas. Acabaste con todo teniendo buena puntería, sabiendo cuál es el sitio más doloroso. Me he ido y no volveré, porque dicen que el diablo sabe más por viejo que por sabio. De acabar en el suelo a base de tantas caídas,  al final acabas haciéndote inmune a la indiferencia. Sólo me sentía viva cuando los recuerdos eran mi única compañía, cuando caer en ese pozo sin fondo era mi única salida de la realidad. Vivir al margen de el mundo es bonito. Tantas caídas y tantas cicatrices te hacen descubrir el maravilloso mundo de la tristeza.

Lo siento por esos mensajes que de la nada aparecían en tus ojos. Esos ojos por los que yo perdía el norte. Esos ojos que te invitan a caer en las tentaciones que susurra tu boca. Una boca que te incita a bajar por tu cuello, entre besos y versos, de esos que no se olvidan. 

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Lo siento por haberme entregado a ti como un culpable a la autoridad, como mi cuerpo a tus manos, como mi boca a tus labios. Me entregué a ti sin pensar que el reloj no se paraba cada vez que hacíamos algo mal. Y lo sé, debería estar hecha de papel soportando lluvias y vientos para poder volar hacia tu ventana y decirte que cada error que cometía me hacia arder en un incendio que nunca se apagaba. Debería haberte dicho los mil putos motivos por los cuales ese incendio nunca se apagaba. Nunca lo llegarías a entender, porque tú eras en cambio el que dispersaba las llamas gracias a la vida que me dabas.

Lo siento por haberte creído capaz de saber amarme como yo siempre he deseado que alguien me amara. Nunca te he visto capaz de ser eso que yo tanto necesito y aun así te dejé entrar por la puerta, y cuando quería que te fueras, eras incapaz de salir, ya que la llave de esa jodida puerta la perdí el mismo día en el que entraste.

Lo siento por escribir esto sabiendo que jamas lo leerás. Y si lo leyeras amor mío, quiero que sepas que esta princesa anda buscando a un príncipe que se recorra el infierno que tú me concediste, por esa corona que tú me has robado llevándote parte de mi…

quitándome la vida con un par de promesas rotas a causa de esas balas con las que tu me disparaste un día.