”Pensando en voz alta»

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Hoy es uno de esos días en los que he decidido no escribirle, al miedo, a la soledad, al dolor, ni mucho menos al amor.
Hoy sólo quiero escribirle al sentimiento involuntario, si al sentimiento indomable que arde a fuego lento. Un sentimiento que denota un ensordecedor silencio, un silencio amante de un instante o de una vida. Hay veces en las que no tienes ganas de hacer nada en absoluto, solo sentarte a observar, pensar y meditar.
El romance entre el papel y pluma dañan la ilusión, buscas una calma que parece inalcanzable, hay cicatrices que sangran, el estado de ánimo te incita a salir fuera sin ser visto, estando solo, deseando que el mundo calle, haciendo pactos tristes, dios no te habla, y tu no dices que él no existe.
Un pensamiento clandestino que se mantiene cerrado, porque el desahogo no comprende, que el llorar es un crimen. ¿Cómo seria el mundo, si la mujer no fuera el sexo fuerte?, ¿cómo seria el mundo, si se atreviera a ser feliz?, ¿cómo seria la vida sin tener miedo?. Lejos de esta farsa, lejos de esta realidad perturbada, siendo saboteada por la traición de verse con los ojos de quien odia. Tu destino es el que tu elegiste, el que construiste, conducir un cadillag, ganar dinero es lo que se te enseña, con la falsa idea de que siempre hay que tener un plan.
Soñador, condenado, devorando los secretos de esos que se tragan su orgullo, la vida es una canica con el que el destino juega. Somos furia, apóstoles de la norma dictada por el furor de la esperanza que cura el dolor. No hago público un escrito con infierno interno, ¿que pretendes?, a veces te sientes dios en una tierra de dioses, y te olvidas que eres un hombre que no tiene ni puta idea, de cuál es el sentido de tu existencia. La atmósfera a veces no es fiable, esperas que el mundo paré, desarmando tu estado de ánimo, dejando de ser cálido, si la vida es un instante, a veces quiero olvidar que existo.
La calma te acompaña en este baile, que te valga madre, a veces es sincero no sonreír por dar un gusto, nervios traicioneros se estremece entre mis dedos. A veces te llaman egocéntrico, yo respondo que es amor propio. Me llaman tiempo pues dicen que a veces con sólo escuchar curo, me llaman déspota, visionario, adelantado a mi época. Me aman o me odian para entregarme sus halagos o sus amenazas.
Reconozco que tengo hambre de victoria, pero aun así reconozco mi derrota, mi libertad es secreta, pisar firme gritando al mundo que soy una mente retorcida, un sujeto un tanto impredecible. El trabajo es duro, no sé que traerá el mañana, tanto tiempo a solas, me ha enseñado a discutir mis contradicciones, sacudiendo mi tristeza, caminando entre las sombras, es solo una fase terminal. 
La vida no te cambia, eres tú el que ve distinto.