Pasión difuminada…

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Una pasión difuminada por el desenfreno del momento que no me hizo dudar…
Ni tú ni yo somos culpables ,es sólo eso, sí eso, lo que es indescriptible e innombrable, sólo rastro de ti y de mí.
La confusión que me hizo corromper mis más altos juramentos, mis más aclamados ideales, ¿por qué?
Me engaño, nos engañamos. Buscamos estar juntos, pero a la vez separados, porque la idea de un nosotros no cabe en el marco de nuestra teoría y si lo hiciera, lo relegaríamos al olvido; ya que ni tú ni yo podemos estar juntos.

La amistad se ha vuelto algo absurdo, camuflajeada con sonrisas que muestran la oscuridad de la carne viva donde tú y yo conocemos sus secretos. Donde develamos los más íntimos himnos de ensueño que nos llevaron a la cima de un risco, que si no cuidamos, podemos caer a un fondo infinito.
El peligro de oler tu fragancia, tú la mía, de los toques y frases que me llenan de esperanza y desconsuelo, del deseo al que no encuentro solución.

Será que la fatalidad me está enseñando a quererte, será que mi desprecio sea en realidad cariño, algo más supremo.
Pero no, tú sólo eres tú y yo soy yo, en nuestra rutinaria monotonía, donde esconderemos con miradas furtivas e indirectas que nos llevarán de nuevo a esa oscuridad llena de secretos, donde evocamos íntimos recuerdos.

No pude evitar el no negarme a observar la perfección en su rostro, cada detalle que me hace estremecer y doblegarme ante ante la ternura que esconde un alma incontrolable. Esa alma que me hace reaccionar cada vez que toca la mía, con la que no puedo estar pero no puedo dejar. Un anhelo recíproco donde dos bordes chocan para no quererse separar jamás, pero a la vez repelerse y odiarse porque no hay otra cosas más bella.

Me rechaza, lo atraigo, me harto, pero no me canso, sin embargo este juego no acaba aunque me hiere y arranca vitalidad que día a día me hace falta. Esta necesidad de pertenecía que no me deja valorarte ni valorarme, un pensamiento desenfrenado, un acto callado que compartimos en silencio, en pensamiento.

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Nadie sabe más que la noche y el reloj, el tiempo que carcomió mis sentidos haciéndome la más vulnerable de todas las criaturas, pero te digo al oído que si te pertenezco, no me ates, porque sé cómo desencadenarme; si me usas, no te percates, porque yo lo haré también, porque me place y si al final de todo existe arrepentimiento, olvídalo porque yo ya lo habré hecho.

Tu cuerpo se encuentra ajeno a mi cuerpo, me sentencia al silencio, me grita a permanecer ausente de la orilla de mi cama y como un movimiento mecánico, como un meridiano, nos separamos.
Nos perdemos por latitudes de tu cuerpo y mi cuerpo… De tu pecho y mis senos, de tus brazos y los míos, hay un naufrago ausente, una orilla perdida y unos pies fríos, un barco sin velas, una cama desamparada. Hay un cuerpo tendido, una respiración silenciosa y una caricia apasionada.

Te volteo a ver desde mi flanco y tú desde tu frontera, la noche está por perderse y tus labios no dicen nada, no hay una alusión a compartir la misma orilla…

Sólo hay un cuerpo tendido, una respiración silenciosa y una caricia apasionada.