¿Pasar la página o cerrar el libro?

0

No creo que haya en el mundo un solo ser humano que diga serlo y no haya pasado por una decepción o ruptura amorosa y todo el proceso de duelo y re-adaptación que esto conlleva.

Es difícil, es doloroso, es conflictivo a nivel interno porque pasamos mucho de nuestro tiempo tratando de encontrar un por qué, una razón, la falla que tuvimos como para haber sido despreciados, para, de un día a otro, pasar a formar parte de los recuerdos de alguien a quien nos entregamos en cuerpo y alma. Nos sentimos culpables, aun cuando en el fondo somos perfectamente conscientes de que en este tipo de situaciones, de nada vale buscar culpables o intentar justificar nuestras acciones o las del otro.

Todo este daño emocional, todo este dolor, tenemos claro que no es permanente, nada es permanente, pero cuesta mucho tiempo poder asimilarlo. Es complicado separar la razón de las emociones, nos cegamos a la realidad que no deseamos ver, esta etapa de negación parece interminable; pasan miles de cosas por nuestra cabeza una y otra vez y sencillamente nos quedamos igual que al principio: sin entender, sin encontrar respuestas, no nos importa nada, no somos capaces de razonar en el momento en que atravesamos por esta crisis, nuestra crisis.

En ese proceso, habrá días en que se pretenda ser optimistas y hacer caso a las frases trilladas y comunes que generalmente escuchamos en momentos como estos: «El tiempo lo cura todo», «no hay mal que dure cien años», «no hay mal que por bien no venga», «mejor ahora que después», «Dios sabe lo que hace», etcétera. Y aunque fingimos escuchar e intentamos interiorizar alguna de esas frases, la realidad es que seguimos ensimismados deseando que llegue ese famoso día de “estar mejor”. Ese día en el que simplemente ya no duele como antes y nos damos cuenta que la herida se ha convertido en una cicatriz que nos recuerda que hemos superado el dolor y que, aunque queda marca, estamos listos para seguir adelante.

Sigo sin entender por qué nos gusta crearnos demasiadas expectativas de algo o de alguien, honestamente, creo que eso es un error tremendo. Nadie jamás alcanzará la perfección; sin embargo, podemos tratar de complementar nuestra imperfección con la de alguien más, alguien que esté dispuesto a amar con la misma intensidad, con la misma fuerza, con la misma entrega. Si de algo estoy segura y convencida, es que todos tenemos a esa otra mitad imperfecta que está por ahí igual que nosotros, a la espera de descubrirnos, a la espera de encontrarnos y tomarnos de la mano para nunca más soltarnos.

2

Quizá sueñe demasiado. Tal vez tantos libros con finales felices ya me dañaron severamente y estoy tratando de armar un mundo que no existe, sin embargo, tengo confianza en que puede ser así, confío en que este trago amargo se me compensará más adelante con muchas sonrisas, mucha felicidad y con el más dulce de los amores.

Mi historia me recuerda a una novela que leí de Ángela Becerra, cuyo título es «De los amores negados». Así fue el mío, un amor que pasó por mucho, que sobrevivió muchos años, que atravesó difíciles momentos y pruebas, para finalmente, un día, dejar de ser.

Me encuentro en un momento en el que debo plantearme lo que sigue, definir cuál es mi objetivo, ¿deseo cambiar la página o cerrar el libro? Ambas cosas implican renunciar, implican más lágrimas y más dolor, pero es indispensable no permanecer más tiempo en el mismo lugar.

3 (2)

La persona que más he amado, la que deseé que fuese el amor de mi vida, el que fue mi mejor amigo antes de ser mi pareja, el hombre que más me conoce, ha tomado una decisión, pensando únicamente en él, sus planes y sus anhelos y yo debo hacer lo mismo. En algún momento, él me dijo que la vida es una serie de decisiones y puede ser que no esté tan errado al afirmarlo; por tanto, debo poner más de mi parte para poder avanzar en este camino que no ha sido elegido por mí, pero que en este momento es el que me corresponde andar y no seré yo quien se sabotee y se impida continuar.

En este momento no sé a ciencia cierta qué me depara mi futuro. No sé cuánto tiempo más pasaré haciéndome todas estas preguntas, afirmaciones, negaciones. No sé cuánto tiempo más me llevará cambiar de página o cerrar el libro. La única certeza con la que cuento en este momento, es que me tengo a MÍ y a la nada, eso que queda cuando debemos demostrar nuestro amor dejando ir a la otra parte de nuestro corazón, ese vacío que jamás se volverá a llenar, ese espacio especial que nadie podrá volver a ocupar…

La nada que me ha dejado con su partida.