Para todos los padres y madres…

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Madres, y Padres, no exijan tanto de sus hijos. Son niños, su cerebro está en desarrollo y no terminará de madurar en algunos años más.

Cuando parece que son sabios, es porque lo son… pero no porque tengan la capacidad de razonar y entender como un adulto, sino porque su corazón es puro y su razonamiento sencillo, no está contaminado ni con el estrés, ni con los valores trastocados de la sociedad, ni con la «necesidad» de poseer.

 Para ellos, lo importante es sentirse amados y seguros y si dandole gusto a sus padres lo consiguen, entonces harán sus mayores esfuerzos por hacer lo que nosotros queremos y sentirse amados. Pero no es que sean maduros o que entiendan como un adulto, porque no lo son.

Esa necesidad de aceptación que nace con nosotros y va guardada en el corazón por el resto de nuestras vidas, es la que hace a un niño correr cuando los llevamos de la mano sin respetar sus pequeños pies que apenas  pueden; es lo que los hace no dormir para pasar mayor tiempo con nosotros; es lo que los hace «ser niños buenos» todo el tiempo para ver si así consiguen nuestras sonrisas, un beso, un aplauso… nuestra aprobación y por ende nuestro amor.

Las reglas y los límites son importantes en la formación del individuo. Muy importantes, de hecho. Pero una cosa es un límite y otra un chantaje o abuso emocional.

Por la seguridad y salud de los niños, es importante que existan reglas de higiene, reglas de alimentación, reglas de conducta; horarios para realizar actividades, tanto de trabajo, como de estudio y también a solas. Todo esto, genera orden y disciplina en la vida y permite la convivencia social y con el tiempo, la pertenencia a los distintos grupos de la vida.

Pero decirle a un niño que es «malo» por no hacer ciertas cosas o por hacerlas; decirle que «mamá se pone triste» porque él no obedece o porque está haciendo algo que a nosotros nos desespera. O peor aun, castigarlo por hacer cosas normales y comunes que un niño debe hacer… es coartarle no sólo la libertad, sino la creatividad, limitar sus potencialidades y sobre todo, marcar la forma en que sus relaciones emocionales serán en un futuro.

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No exijan de sus hijos demasiado. Mejor enséñenles a volar con un espíritu libre y feliz. Aumenten su autoestima. Enséñenlos a ser curiosos, a buscar respuestas, a encontrar opciones, a decidir por ellos mismos. Sean sus guías y no quienes en el futuro, queden en la memoria de sus hijos como los que lastimaron su corazón o coartaron sus sueños.

Dicen algunos terapeutas que la función de los padres es echarle a perder la vida a los hijos, ya que de una u otra manera siempre cometemos errores en la crianza y más porque la maternidad/paternidad no es inherente al ser humano.

Yo coincido en que de una u otra forma lastimamos los sentimientos de nuestros hijos y que por supuesto, cometemos errores, aveces «imperdonables» (lo cual también es relativo); en la crianza de nuestros hijos. Pero también sé, que si los moldes se rompen en alfarería o repostería o metalurgia… los moldes emocionales también se pueden romper.

 No exijan demasiado de sus hijos. No son adultos pequeños. Son niños.

 No son entes maquiavélicos que llegaron para poner nuestro mundo de cabeza y manipularnos con negras intenciones. Son niños. Pequeños humanitos perfectos; vasijas nuevas y relucientes que llegaron al mundo para que nosotros los llenemos de amor y ternura; de conocimientos y magia; de paciencia y abrazos.

Pequeños individuos que guardan en la sencillez de su pensar, la sabiduría de la existencia humana. Y a quienes es importante enseñarles a mantener esa chispa en su corazón, para que en el camino que les toque recorrer, siempre tengan esperanza.