¿Para qué se escribe sino para contar una historia?

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La vida entera, el mundo entero está hecho de historias. Todo lo que nos rodea y quienes nos rodean tienen una. Todo mundo ha pasado por situaciones difíciles, alegres, deprimentes, llenas de acción. Apuesto a que todos tienen una historia qué contar y por supuesto, todas son dignas de contarse, pues buenas o malas, uno siempre puede aprender de ellas, gracias a la experiencia.

No es broma cuando dicen que leyendo puedes experimentar otras vidas, conoces, te pones en el lugar de otras personas (en este caso personajes) imaginas, creas, te desesperas, lloras y ríes con ellos, como si a ti te pasara. La lectura nos educa y puede abrirnos un panorama inmenso sobre cómo son otras personas y cómo reaccionan; quizá podamos descubrir que no importa cuánto dinero tenemos o dónde estamos, porque después de todo, somos humanos.

Cierto día, mientras caminaba junto a mi padre, nos encontramos un puesto donde vendían elotes. El vendedor era un hombre anciano, yo calculé 65 o quizás más por el color de su cabello y su movilidad.
El hombre nos atendió y entonces mi padre comenzó a platicar con él de forma amena, el vendedor le contó que venía de otro estado y luego varias anécdotas interesantes sobre su vida. En ese momento yo creí que ellos dos se conocían, porque hablaban como dos viejos amigos, sin embargo, cuando le pregunté a mi padre si mi resolución era correcta, él simplemente dijo: «No, pero todo el mundo tiene una historia qué contar…»

Desde entonces, los personajes ávidos que yo tenía cobraron más intención. Me di cuenta de que las protagonistas que yo tenía eran exactamente como yo: hiperactivas, curiosas y llenas de personas que las apoyaban alrededor de ellas.
Estaba retratando una única historia de vida: la mía.

Por esa razón los cuentos que escribía siendo muy precoz, carecían de variedad de personajes y no estaban completos, estaban conformados de mi único estilo, se comportaban ante una situación como yo y eran igual que yo, básicamente me estaba describiendo, a mí y a mi entorno con escenarios diferentes; conforme crecí, cambié las cosas, los protagonistas ya eran chicos, adultos, madres de familia, empresarios, y diferentes personas, puestas en diferentes ámbitos. Aprendí a ampliar mis horizontes y leí sobre las historias de vida de personas de otros países, desde entonces, comencé a escribir más de una sola historia.

Vale mucho la pena ver el siguiente vídeo, del cual me inspiré para escribir lo anterior.

carta-rosas