Para no quererte así…

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Me he mordido los dedos y ahora les he quitado la pus. Los he limpiado de ese sufrimiento, de esa mala saña con la que se defiende mi cuerpo del daño que le hago, uno de tantos, de los menores, porque si hablo de los más grandes, seguro saldrías a brillar y relucir entre ellos.

Tú no me dañas, me daño yo, me daño al seguir pensando en ti, al seguir creyendo en ti, pero sobre todo, en seguir imaginando un mundo a tu lado. Me daño al hablar contigo como cada vez que me muerdo un dedo:

  • Me muerdo un dedo, me saco sangre, se infecta hasta que se crea la pus.
  • Te marco, te digo que te quiero, creo de nuevo en la ilusión que provocas, me infecto de ti hasta que se crea la pus.

Es fácil quitar a mis dedos de la pus, pero nunca ha sido sencillo protegerlos de mis dientes, por más que me duela sigo dañándolos, sigo mordiéndolos, por más que me duela sigo esperando de ti, sigo mordiendo tu recuerdo y por más pus que tenga en los dedos siempre quiero ir a acariciarte, tocarte el alma, llenarla de la pus que tiene la mía.

Tocarte con toda la inmundicia que llevo por dentro, no puedo hacerlo de otra manera, no es estado de guerra o deseo por lastimarte, pero cada que me dices que me quieres, con cada mensaje que respondes, con cada acto hacia a mí, te enfrentas a mi pus, a la inmundicia que vive en mi ser, la conoces y has seguido aquí.
Tengo pus, a veces es más visible, hasta el punto de salir…

Tengo pus porque siempre he mordido el corazón para no quererte así.