Para el hombre al que quise tanto, pero que nunca fue mío

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Despierto y miro a mi alrededor, me he quedado dormida con los audífonos puestos y el celular en mano. Prendo la pantalla y veo la hora, son las 3:15 de la mañana, estiro la mano para tallar mis ojos y siento mi cara empapada, creo que he llorado, pienso un segundo y ya lo he recordado todo.

Nos fuimos el día anterior a pasear por la noche y nos alojamos en un hotel, él me miró mientras yo caminaba hacia el baño y puso una cara coqueta.

Entré al baño y una ola de nervios me inundó, era la primera vez que lo hacía por amor.

Él era perfecto, todo lo que siempre había querido, no necesitaba pedirle un abrazo, siempre me estaba abrazando, me miraba con amor y me besaba la frente; cuando estábamos en casa, me recostaba en su regazo y me acariciaba hasta quedarme dormida. Era tan perfecto que me expresaba su amor con caricias y besos.

No había nada que me hiciera falta, lo tenía todo, tenía amor, era feliz y tenía a un maravilloso hombre guapo y amoroso a mi lado… ¿Qué más podía pedirle a la vida? Me miré al espejo y salí decidida a hacerle el amor a ese hermoso hombre que me esperaba al otro lado de la habitación.

Se sentó en la cama y me jaló a su lado, antes de darme cuenta ya estábamos desnudos y haciendo el amor.

Lo abracé fuertemente y agradecí en silencio a Dios por tenerlo a mi lado.

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Por la mañana me despertó temprano, nos arreglamos y me llevó a mi casa, se despidió como lo hacía todos los días y se marchó para no volver.

Esa tarde recibí un mensaje, atendí rápido el teléfono, creí que era él… Pero qué sorpresa me llevé al ver el nombre en mi pantalla.

Era de una mujer, pidiendo que dejara de buscar a su marido; de inmediato le tomé una captura de pantalla y se la mandé a él.

Luego de unos minutos me confesó que era casado y que no podíamos vernos nunca más, a menos que yo quisiera ser la amante.

Y ahí estaba esa delgada línea entre ser su amante y ser su novia, pero de nada sirven las delgadas líneas, si no nos atrevemos a cruzarlas.

Sabía que no me esperaba un buen futuro a su lado, pero sin duda era mi mejor presente, un presente que se derrumbaba a pedazos. Me lo pensé un rato y tomé una decisión, él era lo que siempre estuve esperando, pero no era mío  y tenía que devolverlo.

Llamé a esa mujer, prometí no volver a ver a su marido y me alejé de ese mundo con el corazón hecho pedazos, con el recuerdo de un amor, sin el valor de haber cruzado esa línea y con la buena experiencia de haber amado hasta los huesos, hasta lo más profundo de este roto corazón.

Hablando de amor como si alguna vez lo hubiera vivido.