Nosotros y la Luna… Parte I

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Para lo que comenzó y terminó ya hace tanto, no tengo idea cómo es que todo pasó tan rápido o quizá esa fue la impresión que yo tuve de las cosas.
Mi historia es como, estoy segura, parecida a la de muchas otras chicas; puedo decir que ha sido buena, quizá menos interesante que otras, eso no me importa; pero finalmente estoy aquí para contárselas.

Me enamoré de un hombre ya hace 6 años, me parece algo increíble, ya que por lo visto es mucho tiempo; todo comenzó, como comienzan las cosas buenas, había mucho amor entre nosotros, parecía que estaríamos juntos toda la vida y así fue por un largo tiempo. Todo lo hacíamos juntos, incluso no concebíamos los días el uno sin el otro, nuestras peleas eran las bobas del mundo y no había nada que un largo beso y un gran abrazo no solucionara; la espontaneidad salía literalmente de nuestros poros, ningún día era igual a otro.

En fin, así pasaron varios años. Hasta, como todo lo bueno… Llegó a su fin. O eso parecía, nuestro amor no pudo con la distancia, era un amor fuerte y lleno de confianza; lo que nos separó fue la falta de complicidad, estábamos tan seguros uno del otro que empezamos a olvidar cómo nos enamoramos; como es obvio crecemos y nos complicamos la vida, supongo que es parte de los cambios y de este concepto llamado VIDA.

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Nuestros intereses cambiaron y ya no veíamos a la misma dirección, tratábamos de estar ahí siempre, pero las actividades y el nivel escolar que alcanzamos nos empezó a absorber, al grado de no tener tiempo ni para nosotros mismos y como efecto colateral de esta situación, vinieron complicaciones y peleas; el poco tiempo que teníamos era demandado por nuestras familias o para descansar; era evidente lo que se aproximaba…

Uno de los dos debía tomar una decisión, pero ninguno quería perder lo que había, lo que logramos construir, así que decidimos cambiar las cosas un poco, destinar nuestros días a hacer lo que teníamos que hacer, de este modo tendríamos el fin de semana sólo para nosotros y así fue, funcionó. Pero no por mucho tiempo, la verdad es que las cosas ya estaban muy gastadas, nuestra relación tenía grietas y espacios en blanco y la confianza poco a poco se fue perdiendo por falta de la comunicación.
Ya sé lo que están pensando: «Querer es poder», «Cuando dos personas de verdad se aman harán hasta lo imposible» y otros clichés.

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Nosotros queríamos, claro, pero aprendimos algo, no siempre querer es poder; hay muchas cosas que van más allá de nosotros, es algo que no podemos controlar; sin mencionar que ya no compartíamos las mismas amistades y eso por supuesto trae cambios, simplemente el tiempo nos ganó y no podemos luchar contra eso.
Finalmente llegó el día en que él dio el paso para culminar esto que ya era insostenible… Lo platicamos mucho, hablamos por horas, fue de las noches mas largas de mi vida, por su puesto que no es fácil terminar algo de tanto tiempo, eso requiere coraje; no queríamos ponerle punto final, pero en el fondo sabíamos que era lo más sano para ambos.

Lloramos mucho y nos despedimos mil veces, yo sabía que en cuanto él se fuera no volvería hablar con él y esa idea me aterraba, así era él, determinante en sus decisiones. Pero por mucho que lo que lo prolongamos, terminó, me dio un fuerte abrazo y un beso en la frente, me miró a los ojos y me hizo prometerle que estaría bien; él cuidaba mucho de mí y sabía que era lo mejor para mí, yo también pero no quería aceptarlo…  En fin, salió de mi casa cabizbajo… Dios, estaba tan enamorada de él, pensé que no volvería verlo y de mis ojos salió un llanto inmenso, me sentí vacía.

Se supone que las personas terminan porque se odian o por mil razones, no por estar tan enamorados. Él iba a estar bien, es un chico fuerte.

Pero yo…