Nos perdimos

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Era tu maldita sonrisa. Esa misma que hacia que perdiera el norte cada vez que la tenia a escasos metros. Esa misma que podia romper corazones y esquemas. Por qué yo no te esperaba, pero resultaste ser una de las personas más importantes de mi vida.
Y la recuerdo perfectamente, porque es una de esas sonrisas que se pueden comparar con los rayos de sol que entran por la maldita ventana un domingo por la mañana después del resacón. Esa misma sensación al intentar abrir los ojos y maldecir mil veces no volver a salir a beber. A no volver dejarte engatusar por yus estupidas y buenas amigas.
Así era tu sonrisa, y te odio por ello.

Recuerdo aquella sensación al recibir tu mensaje. Citemos que era el ultimo de los muchos que nos enviamos a lo largo de nuestra relación. Para mi perfecta. Aquel mensaje no era como todos los demás. Era distinto hasta como escribiste mi nombre. Entero. Con todas sus letras y sin ningún emoticono de los muchos que utilizabas al llamarme. Nada. Desaparecieron.
Te respondí al instante no muy segura, y horas después tu estábas allí esperandome. Apollado en la pared de enfrente de mi portal. Tenias las manos dentro de la cazadora negra que tanto te gustaba y que mil veces te dije que te sentaba genial. Mirabas al suelo como buscando alguna respuesta. Te observé hasta darme cuenta de que esa tarde, iba a ser diferente.
Al bajar, recuerdo tu sonrisa triste y tu mirada perdida, no hiciste nada más que abrazarme como si el aire te dependiera de ello y yo aspire una vez más tu aroma varonil de la maldita colonia de One million. Sonreí nerviosa, no queria aceptar lo que pasaba por mi Cabeza.
Me hiciste pasar una de las mejores tardes de nuestra historia. Comimos helado y me regalaste mi flor favorita. No dejabas de recordarme lo preciosa que estaba con ese vestido e insistias en que cualquiera se enamoraria de tí. Te despedias?

Nuna fué culpa tuya, pero tampoco mía. Nos desgastamos con el paso del tiempo y la maldita monotonia. Quizás fuera tu trabajo que te mantenia muy ocupado, o quizás mis ganas de quererte demasiado. Más de lo que incluso tú lo hacias contigo mismo. Luego vinieron las excusas a todas horas y cesaron los mensajes. Ya no más «Buenos días enana» ni «Duerme bien dormilón». Nada.
Así podian pasar los días, que incluso no nos haciamos falta. Solo nos unía un estado en una red social. Nos perdimos. Creo que mi madre tuvo razón respecto a lo nuestro. Nada de lo que empieza con rapidez y demasiadas ganas, termina bien. Maldita mamá, cuanta razón tenía.
Me dejaste puntual, a media noche delante de mi portal, las manos te temblaban y yo no sabia como parar aquello. Te abracé muy fuerte como tu hiciste al empezar aquello, seguidamente de un » tengo que entrar, es tarde», esperando un milagro de que no fuera un adiós de tu parte.
Me cogiste de la mano, esperando alguna reaccion de mi parte. Asenti sonriendo. Lo habia entendido todo. Tuve que hacerselo más fácil.

-Te quiero un huevo.
-Cuando me quieras con dos cojones, me avisas.