No sé decirte adiós…

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Dicen que cuando estás apunto de morir, pasa toda tu vida delante de tus ojos. Lo que no te dicen, es que cuando ves morir a alguien, resulta doblemente doloroso. Y tú, me has dejado sola, abuela.

Hoy por inercia te llamé. Esperé hasta el último timbre y tuvieron que separarme del maldito teléfono. No ibas a responder. Se me hace cuesta arriba pensar que ya no habrán esas miles de batallitas los sábados en tu casa, entre risas y y caras de aburrimiento de todos nosotros. Siempre eran las mismas historias y para mí, seguían siendo impresionantes. Todas y cada una de ellas.

Lo que más me preocupa, es lo que voy a hacer ahora que no tengo a nadie con quien conversar. Ya no habrá más nadie que me advierta de pensar antes de que hable, de que no me enfade tanto, que acabarían saliéndome arrugas. De que mastique mil veces antes de tragar y que cuide de mamá, que es débil. Pero, ¿quién me cuida a mí ahora abuela?

Me duele tanto tu ausencia, que hasta duermo con tu abrigo puesto. Creo que ahora es mi favorito. Nunca olvidaré ese maldito 13 de Marzo. La llamada que llevábamos esperando y ese maldito cáncer que te comía día tras día. Pero no sufriste y eso me tranquiliza.

Quiero pedirte perdón, por todas las cosas que no cumplí y que te hubiese gustado que hiciese. Perdóname por las veces que me he enfadado sin motivo. Discúlpame abuela, porque de todas las batallas no me olvido de ninguna y por favor, perdona las últimas veces que no fui a verte y que me hubiera gustado estar.

No sé cómo decirte adiós, y seguramente esto quede como un desastre, pero ya no sé cómo expresar o plasmar todo aquello que siento. Te echo de menos, abuela.

Atentamente: Quien más te quiere, quien jamás te olvida.