No quiero disfrazarme, ni mentirme más

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Nos enseñan de pequeños a ser lo que otros quieren que seamos, a gustarle a la gente, a disfrazarnos y mentirnos para encajar; después de analizarlo, ya no lo quiero hacer más, porque prefiero ser auténtica y dejar mi imagen en manos del qué dirán sería una mala copia de mi misma.

Pues cada vez que alguien me preguntaba algo o hacia algún comentario sobre mí, sentía automáticamente las ganas de defenderme… ¿Defenderme de qué?… Pues no lo entendí, hasta ahora… No me defendía de los demás, me defendía de mí, por el miedo de que mi verdadera yo saliera a la luz, y ya nadie quisiera estar conmigo, ya sé… Suena un poco infantil, pero es lo que sentía, miedo a no encajar, porque a veces preferimos seguir el mismo camino de todos  y cerrar los ojos…

En fin… Me relajé y recordé lo feliz que podemos ser sólo con aceptarnos, esto lo sabemos cuando somos niños, pero durante el camino lo olvidamos; en el colegio, o en la adolescencia por los chicos, para conseguir un trabajo, etc… Cada vez que omitimos algo de nosotros, estamos desapareciendo, dejamos de ser, de existir, y eso está lejos de ser bueno, pues ya no somos niños, ni estamos en el colegio.

Estamos en plena redacción de la historia de nuestras vidas, el chico que no quiso estar contigo, o la amiga que dejó de serlo, y todas las personas que ya no están, también son libres de hacerlo, es hora de parar a nuestro ego y decirle que eres lo suficiente para cualquier persona y el que no lo vea así puede retirarse. La única forma de brillar es cuando eres tú, sólo así podrás escuchar tu voz interior, saber lo que quieres, ser asertiva y escoger el mejor camino para poder pulirte como el diamante que eres.