No puedes cambiar algo, sin romper lo que fue

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Te encuentras allí, en aquel camión que corre a unos 100 o 120 km por hora, y cuyo destino no es algo que realmente interese, te enfocas en mirar a través de la ventana, observas ese maravilloso mundo que conforma el paisaje, miras las cosas con nitidez, con claridad, descubres lo enriquecedor que puede ser el silencio, descubres lo maravilloso que puede ser un momento contigo mismo, y al ritmo del tiempo miles de momentos, de sentimientos, de recuerdos atraviesan esa tranquila, pero compleja mente.

Sonríes ante la incertidumbre, te has aislado mucho tiempo, esperando el momento, ese momento para regresar, para retornar y encarar al destino que últimamente pareciera ser un tanto injusto contigo, ese destino que un día te da y otro te quita, ese destino que te ha cobrado más de la cuenta.

Ha pasado mucho tiempo, has cambiado, has crecido, has madurado, miras a tu alrededor nada es igual, parecen ser las mismas personas, las mismas cosas, las mismas circunstancias, pero sientes que algo ha cambiado, y es que ya no te vale madre hacer o deshacer como lo hacías tiempo atrás, cuando nada te importaba, cuando te esclavizabas al reventón, al alcohol, a la perdición, a esa armadura que te ayudaba a esconder lo que por miedo no te atrevías a hacer.

Entonces respiras y te tomas un momento, tu mente se queda en blanco, el fuego, el humo de esa pequeña pero significativa fogata hace su trabajo y al calor de sus brasas, recuerdas aquellas personas que nunca abrazas, recuerdas aquellas palabras que te apuñalaron cual lanzas; sabes que detrás del enojo se esconde un poco de tristeza, detrás de una lágrima hay una sonrisa, detrás de un recuerdo hay un momento, un momento que agradeces con el corazón y no por lo que te enseñó, sino por lo que ahora te convirtió, te encuentras mejor; la gente se sorprende y le llama la atención tu nuevo yo, y es que después de tanto tiempo, llegó el momento de luchar de nuevo, de observar y dar lo mejor.

Descubres que la vida está llena de impactos, de recuerdos, de historias y momentos que tienen una simple misión; y esa misión es regalarte una lección, una lección que a pesar de romperte, te ayuda a construirte.

Agradeciendo al pasado por lo que aprendiste y empleándolo al futuro tal y como lo prometiste…